La Barca Celeste de Obsidiana: Mi proceso Terapeutico con Geometrías de Obsidiana

Había tocado fondo! Mi Alma, como un ave intentando remontarse con sus alas heridas, cargando desde hacia demasiado tiempo con el peso de su dolor, cayó al fin, extenuada, impotente para levantarse, rendida,  para no volver quizás, a alzar nunca más el vuelo …

Aún en esa situación, en el fondo de mi ser me negaba a aceptar la derrota como una condena de por vida… Algo habría que pudiese hacer! Pero, ¿el qué?

Algunas semanas después supe de la terapia con geometrías de Obsidiana. Había escrito un correo electrónico a una terapeuta llamada Surá Lillo pidiéndole ayuda, con la esperanza de que ella pudiera darme alguna solución práctica a mis bloqueos emocionales.

Recibí su contestación algunos días después, y en su carta me explicaba que éramos nosotros mismos quienes elegíamos vivir experiencias dolorosas como las que yo le había narrado, porque al vernos reflejarnos en ellas, nos dábamos la oportunidad de conocer nuestro ser interior, aquel que en realidad somos, y que se oculta detrás de todas nuestras máscaras.

Me invitó asimismo a hacerme responsable de todo ello, a aprender y a agradecer la enseñanza extraída de esas vivencias, y por último, a perdonarme por haber creado en mi vida unas experiencias tan duras para así poder conocerme a mí mismo.

Mantuvimos un contacto regular, y ella me propuso comenzar a trabajar con la obsidiana. Había visto anteriormente algunas fotografías de terapias con piedras curativas, y hasta me habían parecido algo gracioso… ¿Cómo pueden unas piedras curarme todo el dolor emocional que siento, y que me parece tan profundo que ni siquiera estoy seguro de hasta donde llega?

La primera sesión comenzó con un trabajo muy intenso de liberación emocional. Aprendí mucho sobre mí, mi vida y mi relación con la familia en aquella primera sesión, y pude empezar a sentir todo el dolor acumulado, que era mucho mayor de lo que creía; comprendí entonces con la mayor claridad por qué la vida siempre me había parecido tan pesada y tan dura de sobrellevar.

Después de esta primera sesión, empezé a usar una geometría en forma de huevo, que saca a la luz rápidamente las memorias inconscientes, para así comenzar a liberarlas, pudiendo sentir por mí mismo, sin intervención de nadie más, aquello que toda mi vida había evitado mirar, por miedo… y de esta manera, aligerar poco a poco ese peso tan grande que cargaba,  que me hacía sentir que la vida era lo más parecido a una broma cruel –o una maldición- y el mundo un verdadero infierno lleno de peligros, decepciones y sinsabores.

Yo no supe hasta ese momento, cuanto dolor y cuanta rabia habia guardado en mi interior por años y más años… era terrible darse cuenta de ello y creer que todo eso estaba ocurriendo de verdad; cuando hoy reflexiono sobre aquello, me pregunto cómo pudo mi alma sobrevivir a todas esas experiencias y albergar todavía esperanzas de una vida mejor.

Tiempo después, cuando ya me sentía mejor y más ligero, mi mejor amigo –que también había notado el cambio en mí- me dijo que hasta aquel día yo siempre le había parecido alguien “radiactivo”, porque daba la impresión a los demás de cargar con demasiados resentimientos y de emitir muchas vibraciones negativas.

Era cada vez más sensible a mis emociones, esas que tanto había ocultado desde mi infancia, y recordaba mis sueños -fieles mensajeros de mi inconsciente- al despertar cada mañana, con una regularidad asombrosa y hoy día todavía sigo aprendiendo de ellos.

Naturalmente, este trabajo fue duro -sobre todo al principio- porque no fue fácil ni agradable tomar conciencia de todo mi bagaje de oscuridad, pero esta es una labor necesaria si quería realmente vivir una vida plena, feliz y auténtica, sin remordimientos, ni arrepentimientos.

Quizás, una de las cosas más difíciles de asumir ha sido darme cuenta de lo poco que sabía sobre mi mismo y sobre las circunstancias de falta de amor en mi familia que me habían rodeado desde mi infancia, y que yo, sin darme cuenta había recreado después, primero en mi juventud y más adelante siendo adulto. Lo consciente, lo que conocía era minúsculo, lo inconsciente, lo que desconocía, en cambio, era -y aún es- inmenso.

Siento que la obsidiana es como una guía, un vehículo que me lleva con seguridad a través de los oscuros dominios del inconsciente para traerme de regreso, sano y salvo pero también más sabio, al mundo de lo cotidiano, en el cual estoy –como todo el mundo- más acostumbrado a desenvolverme.

Por eso he titulado este artículo La BarcaCelestede Obsidiana, recordando también La Barcade Millones de Años con la que los dioses egipcios recorrían el firmamento celeste, y que apareció en un sueño como una poderosa aliada.

Yo he superado mi primer obstáculo, la rabia, para encontrarme ahora con el segundo, el miedo, al cual me estoy enfrentando… para descubrir que tiene la consistencia del papel más fino, aunque parezca tan sólido e inexpugnable como una muralla de piedra.

Sé que detrás del telón del miedo encontraré mi dolor en toda su magnitud, un dolor que también sé que no me pertenece sólo a mí –aunque sea yo en este momento su portador- sino a todas mis vidas anteriores, a todos mis ancestros, y también a toda la humanidad en su conjunto.

He pasado por momentos muy difíciles, al conocer la parte menos conocida de la historia de mi familia, y entender la relación que ésta tenía conmigo, al dudar de si era lo bastante fuerte como para superar todas mis dudas, al sufrir contínuos altibajos emocionales, como si hubiese vuelto a la adolencencia …pero fue sobretodo en el periodo en el cual comenzé a desapegarme de la falsa identidad que había adoptado cuando todavía era un niño y me encontré de repente que no sabía quien era yo en realidad, cuando lo pasé realmente mal.

Hasta entonces había interpretado un personaje que ciertamente me limitaba –y mucho- pero que también me daba unas referencias y un rumbo a seguir en mi vida, aunque fuera equivocado, pero cuando vi la falsedad de aquella personalidad y la dejé atrás, ya no sabía hacia donde ir, que hacer con mi vida a partir de entonces… ni que partes de ese pasado con el cual tanto me había identificado eran verdad y cuales mentira, que podía rescatar que me fuera útil a partir de entonces.

Fueron varios meses desconcertantes, durante los cuales la confusión, la incertidumbre y el vacío fueron mis compañeros de día y de noche… hasta que poco a poco fui rescatando lo realménte útil y válido de mi pasado y encontrándome de nuevo con mi verdadero ser, de quien me había ido separando desde que era muy pequeño. Ahora se con certeza quien soy, y no me arrepiento de nada, todo cuanto sucedió fue por mi bien.

Gracias a la obsidiana he conseguido perdonarme a mí mismo por elegir las experiencias que han conformado mi vida, muchas de ellas difíciles y amargas, y he podido también perdonar a quienes me enseñaron las lecciones más duras, personas a las que odié durante mucho tiempo, pero que hoy recuerdo con agradecimiento, recuperando a mi familia y sintiéndola más cerca que nunca.

 

Ahora veo un sentido a mi vida, a sus alegría y decepciones, integrándolas en un todo armonioso, y puedo afirmar como el viejo poeta, Vida, nada me debes, Vida estamos en paz.

 

Gracias a la obsidiana,  y a ti, Surá Lillo, por todo ello.

 

Manuel Marques

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