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LA DIOSA MARI: LA LUZ QUE MORA EN LA SOMBRA . Surá Lillo

Publicado el Oct 26, 2012 por en Mujer Despierta, La Psique, Terapia Psicoenergética con Obsidiana. | 0 comentarios

Al mito de  MARI, como Deidad Suprema, le corresponde la simbología máxima.  La Gran Madre. MARI es un SÍMBOLO redefinido como el “AMOR A LOS CONTRARIOS”.

”Mari es corazón del universo, Eros y Thanatos, vida y muerte. Dialéctica y dualéctica de los contrarios asumidos”.  Ortiz Osés

1.      MITO, ARQUETIPO & REALIDAD

En este tiempo, donde la identificación con la cultura de lo religioso está en declive, pues  la cultura religiosa o sagrada es antagonista del pensamiento Racionalista, es el papel de lo simbólico lo que puede hacernos recobrar el rumbo perdido de nuestro sistema de creencias numinioso. Nuestra razón lógica ha de abrirse al corazón y entenderlo como el COOPERANTE de la RAZÓN, CO-RAZÓN, pues es lo que está cargado de sentimiento lo que nos acerca a lo DIVINO, y en ello existe una Razón Simbólica.

El comportamiento de los seres humanos es DUAL. Dentro de éste,  existen dos formas de entender la  realidad, una lógica y otra intuitiva, una Apolínea y otra Dionisiaca.

La formación de estos dos comportamientos encontrados tiene su origen en la Mitología, pues ésta, con sus símbolos, representa la programación de nuestra vida psíquica inconsciente como colectivo humano. El estudio de la Psique colectiva nos da pistas de cómo se encuentra el estado Psíquico del hombre actual.  La importancia del mito, ha llevado a  los grandes investigadores de la Psique profunda como Freud y Jung, a abrir una puerta a la compresión de la conducta humana a través del análisis de los símbolos míticos o universales, que emergen de forma nítida por ejemplo en el mundo onírico,  nuestra parte femenina. Nuestro cerebro opera desde dos realidades;  una, la racional, lógica, matemática, cuantificable, y la otra,  intuitiva, subjetiva, abstracta, mágica, profunda, llena de sentir.

La creencia en algo superior, en algo que nos sostiene de algún modo, nos ayuda a dar un sentido mayor a nuestra existencia, ese anhelo de lo DIVINO, de un paraíso terrenal, ha existido desde el origen, pues la mitología nos cuenta un tiempo donde lo DIVINO y lo HUMANO convivían, donde todo estaba integrado. Un tiempo donde no existía la negación ni la represión de nuestra naturaleza intima. Para el hombre arcaico,  su religiosidad no suponía algo vergonzoso o estúpido, sino que por el contrario, era algo natural de su condición humana, pues la supervivencia, las cosechas, la caza, el fuego, la vida….era un regalo de los Dioses, y por tanto se vivía en estrecha comunión con ellos. Este hecho ha grabado una impronta en nuestra psique profunda, y aunque la evolución tecnológica vaya muy rápido, nuestra naturaleza psíquica tiene la tendencia a la trascendencia,  a dar un sentido a su existencia.

La institucionalización de la religión, la dogmatización, la condena de lo primitivo y natural, también ha dejado una huella en nuestra psique. Una herida del alma que arrastramos a modo de SOMBRA. Tanto aquellos primeros tiempos donde lo sagrado ocupaba un importante papel en la vida arcaica, como la condena a no ser y pensar como establece un orden de pensamiento impuesto, ambos hechos contrarios y antagónicos, han generado los distintos  ARQUETIPOS DEL INCONSCIENTE COLECTIVO. (el ánima-animus Proto-Padres, madre-padre, el niño, el héroe, la muerte…etc.)  “modus operandis”, que designan formas emotivas de actuar, llenas de energía libidinal  que surgen de nuestra consciencia o inconsciencia, llevándonos a comportarnos de tal o cual forma.

Somos como somos, porque han existido hombres y mujeres que así han actuado antes, los seres humanos en este tiempo somos el resultado de lo vivido, somos el último eslabón de nuestro linaje genético hasta llegar al primer hombre y mujer. En nuestras células existe una memoria primigenia, histórica, emocional, mental….de lo pasado. Por todo ello es necesaria esta reflexión sobre el origen de la existencia y de nuestra Psique, y cuando giramos la vista hacia atrás, son los mitos los que nos hablan de un origen primario. La mitología es religiosa, donde lo oral, lo mágico,  “el nombrar”, hace que se conecte la realidad secular con la realidad ARQUETIPICA de los NUMENES,  obteniendo así un sentido.

La mitología cumple y ha cumplido siempre su función de co-implicadora, de mediadora entre el mundo cotidiano y el mundo sagrado. En el caso de la mitología vasca, es digno señalar, que es el último reducto europeo de una sociedad matrista o matrilineal anterior a la cultura indo europeísta, así, en el estudio de sus símbolos relacionales, los contrarios no luchan, sino que son integrados de forma natural, puesto que la cultura vasca es una cultura de religiosidad naturalista provista de una ética natural.

Así como explica Ortiz Osés en su libro “La Diosa Madre”, “los símbolos de la mitología son auténticos Tótems de implicación”, como diría Jung, ARQUETIPOS. El símbolo pasa a representar una significación afectiva. Y es lo afectivo lo que dota de energía de vida al símbolo, confiriéndole un espacio vivo. Dentro de nuestra psique el símbolo se instala a través de las experiencias emotivas primarias, y éste, emerge como elaboración de un caos. Así se crea nuestro inconsciente personal que interactúa con un inconsciente colectivo o cultural-social.

El simbolismo es un mediador humano entre la naturaleza y la cultura, por ello tan importante es su conocimiento. Pues el interés racional por lo irracional, es una condición del ser humano que busca el origen último de su existencia, la razón por la cual está en el mundo.

Para Levi-strauss “lo que hace sagrado a algo es que ocupe el lugar que le corresponde”.  Para Ortiz  Osés,  “el mito es un relato relacional que unifica los aspectos contradictorios de la experiencia humana a través de un lenguaje simbólico y dramático, es decir arquetípico”. 

 “La mitología o mito relacional, es capaz de integrar la ambivalencia de los contrarios” explica Ortiz Osés.  Si analizamos la mitología de MARI, esta nos lleva a un recorrido desde el origen más arcaico hasta nuestros días, pues su simbología sigue viva gracias a su lenguaje, el Euskera.

“Lo que amamos es sólo un símbolo”Herman Hesse.

2.      MITO Y LOGOS

Magia,  mito, religión, filosofía y  ciencia, aparecen como diversos modos de articulación de la realidad  por parte del hombre, en un contexto que va de  lo místico a lo religioso. La razón pura al imponerse contra lo que no es visible o comprensible, deshecha lo religioso, lo místico, y lo inexplicable. Sin embargo, el pensamiento-mágico místico-mítico no debería descalificarse como absurdo pensamiento primitivo, sino como el pensamiento primero.

Mito y logos no son energías opuestas sino complementarias, la mitología es un pensamiento relacional que a través de un lenguaje simbólico, refiere o relata dramáticamente los avatares del sentido en el mundo del hombre.

El aspecto dramático  del mito es el que interacciona con nuestra psique, puesto que esta revive el arquetipo mitológico pero desde el inconsciente, los símbolos ejercen un lenguaje relacional entre el hombre y la cultura.

Como define Jung el arquetipo, éste está vivo, porque contiene carga emocional o dramática. Es decir energía libidinal. Si se reprime o suprime al aspecto simbólico de nuestra psique, esto genera una lucha interna entre lo natural, mágico, sagrado y lo cultural racional, generando desórdenes de conducta o adaptación que propician la enfermedad del alma.

La mitología nace como un intento de fusionar todas las realidades, aún las que no tienen explicación racional, pues la mitología es religiosa e implicadora, confiriendo un sentido de disposición a la UNIDAD.

Por eso MARI, en su cultura y mitología, es nutridora y generadora de todo lo que existe en su ambivalencia positiva-negativa, representa un símbolo de vida y de muerte, naturaleza y fuerzas telúricas. Un arquetipo de origen y retorno que  engloba los contrarios.

 

3.      MITOLOGÍA MATRIAL-FEMENINA

Esta historia se remonta a tiempos  pasados donde la mujer ejercía un rol dentro de la comunidad, un tiempo mítico donde ellas eran las Gobernadoras, las sacerdotisas, las curanderas, las representantes mismas de la DIOSA. A ella le competían las actividades relacionadas con la soberanía,  la guerra, la caza. También gozaba de una autonomía sexual. Asi la mujer estaba emparentada con el Arquetipo de La Gran Madre,  ella se la consideraba la Fuente de todo, representaba el TODO, pues abarca dentro de sí los opuestos Creación-Destrucción, vida y muerte. Ella mantiene  el equilibrio que sustenta el orden universal.

La DIOSA MADRE rememora la Sexualidad  como energía libidinal o energía de vida,  existen numerosas referencias mitológicas que hacen alusión a este carácter Sexual como energía de vida, asociada a rituales orgiásticos que se celebraban en aras de lograr la FECUNDIDAD SAGRADA.

Las muestras de su origen más antiguo datan del 27.000 al 26.000  a.C, y se extendió en una superficie de 3000 km cuadrados, territorio que comprende casi toda  Europa.

A partir de las sepulturas detectadas en Europa que datan del 30.000 y el 8000 a.C, se ha podido hablar de la existencia de una mitología materna ya en el paleolítico Superior.
Se han encontrado restos de sepulturas en las que el cadáver se encuentra enterrado en posición fetal, esto parece apuntar hacia una concepción de la Tierra como Madre.
Las numerosas figurillas de pequeño tamaño llamadas “Venus Paleolíticas” entre las que destacan la Venus de Willendorf, que representan mujeres desnudas o semidesnudas, obesas y con los rasgos sexuales muy acentuados, podrían tener un sentido mágico y religioso relacionando la potencia de la generación y la fertilidad, tanto de la especie humana como de la naturaleza  representada como femenina.

En estas culturas predominaba la actividad recolectora y plantadora, donde  la sexualidad o energía libidinal se vivía desde el naturalismo y comunitarismo, donde en la mujer no existía el sentido de pertenencia al hombre, pero si a la comunidad,  no hay vestigios o restos arqueológicos donde la figura masculina o la unión sexual entre el hombre y la mujer sean representadas en forma alguna.

Estas Venus Paleolíticas son las antecesoras de las Diosas-Madres del neolítico, de todas las diosas de la fecundidad, ya se llamen Isthar, Asarté, Tanit, Isis, Hathor o Mari.

Como representantes de esta mitología matrial cabe citar la India anterior a los Arios (Harappa y Mohenjodaro), la cretense anterior a las invasiones de los indoeuropeos, la de los Trobiand en Polinesia, la Andina de la Pachamama, así como Mari dentro de la Mitología Vasca.

Transmitidas por las abuelas y madres de la familia europea, las antiguas creencias sobrevivieron a la implantación de los mitos indoeuropeos y cristianos después. La religión centrada en la Diosa, existió durante un periodo de tiempo mucho más largo que el que duró la indoeuropea, y tiene pervivencia en la cristiana, dejando una marca indeleble en la psique occidental.

María Guimbutas, arqueóloga que ha realizado multitud de investigaciones acerca de la existencia de la mujer  en calidad de Diosa en las sociedades matrilineales, ha sacado a la luz multitud de referencias arqueológicas, como las últimas evidencias de restos arqueológicos encontrados en Höyuk Zatal.

 

La visión maternal, cíclica y rítmica disuelve toda dualidad incluida la de la vida y la muerte en un abrazo cálido y consolador.

 

4.-DEL MATRILINEALISMO AL PATRIARCALISMO

La caída de éstas sociedades tuvieron lugar en pos de la dominación, rapto del poder femenino, representado mitológicamente, primero por el vencimiento de Marduk sobre la diosa Tamiat, y posteriormente los distintos panteones cuentan en sus mitos el robo y asesinato de la madre, de la Gran Diosa Madre,  así en el mito de Europa, Zeus se convierte en Toro para robar a Europa, en otros se narra que el dios de los invasores, Zeus, viola a las hijas de los monarcas locales, embaraza a Dánae, princesa de Argos,  a Leda princesa de Esparta, Antíope princesa de Tebas, además de muchas hijas reales.

Para  Campbell, en las mitologías patriarcales, la función de la mujer ha sido devaluada de manera sistemática, no sólo en un sentido simbólico cosmológico, sino también personal y psicológico. En los mitos como en las leyendas de los héroes, la figura femenina ocupa la epopeya, el drama y el romance, un lugar de mero objeto. Los mitos de Europa, Asia, Oceanía y América, narran según Husain (2001, 38) la apropiación de los poderes que originalmente correspondieron a las mujeres.

El mito Judeo- Cristiano, que muestra a Eva probando la manzana, condena a la mujer para que no acceda al conocimiento, negándole el derecho,-que antes detentaba-, a trasmitir cultura. Resultó entonces un hecho condenable y amoral  que Eva hubiese comido la manzana, ya que ello implicaba el acceso al fruto del conocimiento y por ello se convierte en SÍMBOLO DEL PECADO merecedora del CASTIGO.

Negar el derecho a las mujeres a adquirir conocimiento evidencia según los mitólogos, el miedo que se les tenía a las mujeres cultivadas.

A partir del mito de Adán y Eva, la religión cristiana desacredita los símbolos, como la serpiente, el árbol y los frutos, que antiguamente eran parte del significado de la vida, o sea símbolos de lo femenino. Eva que representa la Gran Madre, es incitada por la serpiente malvada a comer el fruto prohibido, entonces  es considerada como  la inductora a la muerte, y se le atribuye el concepto de corrupta, que con su lascivia pretendía separar al hombre de Dios. Aquí la gran Diosa es vista como una fuerza negativa y demoníaca. Así nació la creencia que impondrá la mitología bíblica, de que la serpiente que representa la Gran Diosa fue identificada como el demonio convirtiéndola en un símbolo del mal.  Cuando la visión Judeo cristiana orientada hacia el dios masculino,  la culpó, fue el surgimiento de un rechazo histórico de la Diosa Madre dentro del Mito Bíblico del Jardín del Edén.

Así Mardut, como energía masculina, vence a la madre malvada Tamiat, simbolizada como una serpiente, animal siniestro al que hay que destruir, da así origen al mito del HEROE, lo que más tarde se representó en la proyección edipica de la relación madre-hijo.

En el caso de MARI, la perspectiva patriarcal y falocrática que somete lo femenino en pos de lo masculino, llego más tarde en Euskadi, puesto que ni Griegos ni Romanos lograron traspasar las fronteras de la cultura Vasca, viva en nuestros días con su tarjeta de presentación más arcaica, el lenguaje .

El patriarcado cobro su fuerza más irrisoria, cuando la santa inquisición persiguió a infinidad de personas sólo porque se mantenían en relación con la cultura ancestral de sus antepasados, así el acto de Fe celebrado en Logroño los 6 y 7 de noviembre de 1610, sería el intento de eliminar el último reducto vivo de las Sorgiñas de Mari, tiempo en que aún se practicaban aquelarres, ritos de culto a la fertilidad y  la vida, fruto de la religión de Mari.

 

5.- LA LIBIDO. LA ENERGÍA SEXUAL DE MARI

La Sexualidad de Mari, representada en los Aquelarres con su consorte sexual AKER, la manifestación vitalista y naturalista de la energía sexual entendida ésta como energía de vida, está presente en las culturas primitivas. Si desde el origen de las civilizaciones arcaicas la sexualidad como energía libidinal no era condenada ni reprimida,
¿De qué forma ha podido cambiar nuestra concepción de  la sexualidad, debido a la irrupción del cristianismo dogmático?, ¿cuándo ésta pasó a ser demonizada y culposa?. Desde el punto de vista de Jung la líbido es un instinto vital continuo por la supervivencia y la perpetuación de la especie, como afirma en  “Símbolos de Transformación”; “la líbido en su origen está destinada a la producción de huevos y del semen¨. Pero para el siquiatra suizo esta energía libidinal no solo está presente en nuestro instinto sexual sino que se manifiesta en última estancia, es el a priori de los estados de ánimo, reacciones, impulsos y de todo aquello que es espontaneo de la vida psíquica,  el anima a la que se refiere Jung, no es un “anima racionalis” si no que se presenta como un “arquetipo natural” donde se reúnen aquellas manifestaciones  de lo inconsciente que incluyen contenidos del espíritu primitivo, de la historia de la religión y también del lenguaje.

¿Qué consecuencias pudo acarrear la demonización de la sexualidad? Siendo la mujer víctima de repudia por ser impura mientras menstrua, como apunta la Biblia, y prostituta como en el caso de María Magdalena, que como consorte de Jesús, nadie la reconoció, sino como una vulgar mujer. Estos actos simbólicos o hechos históricos, han producido una huella en la psique colectiva, pues ver la energía de vida como algo pecaminoso y culposo, ha desatado una neurosis colectiva respecto de la energía sexual, siendo ésta motivo de ¨escándalo¨ cuando no cumple con el rol y marcas impuestas por la cultura o sociedad.

En las sociedades arcaicas se profesaba una libertad sexual desprovista de juicio, vista como parte de la naturaleza de nuestra esencia humana, la concepción de la sexualidad como algo “natural” es conferida dentro de una visión naturalista.

La energía sexual es una energía de vida, que ha de ser proyectada desde ahí, pues es a través de ella que venimos al mundo, y son las mujeres las encargadas de cocer la vida dentro de su útero.

Entender la sexualidad como un “pecado” ha llevado a la sociedad a vivir una represión de sus instintos que afecta a la energía libidinal de la sexualidad, entendida ésta como sucia y pecaminosa. Esto nos ha llevado a un alejamiento de la energía femenina como principio de vida y origen de la misma. Al reprimir la sexualidad, ésta se convierte en un aspecto reprimido dentro de nuestra psique, Jung afirma en su obra” Símbolos de Transformación”; “la realidad psíquica es y sigue siendo genuina fuente de miedo y cuya peligrosidad aumenta cuanto más se la niega (…..) Hubo un tiempo  en que los mitos  fueron vivencias originarias, es decir numiniosas, y gracias a las numerosas investigaciones se puede observar todavía en la actualidad esas vivencias originarias subjetivas”

Parte de la memoria del “pecado Original” sigue presente en nuestros días, pues la represión y condena de este impulso vital nos desconecta de la corriente de vida, nos lleva a un estancamiento de la energía primaria de vida. El patriarcado emerge a partir de los eventos de violación, que conforman nuestra historia y junto con él surgen también la esclavitud, la prostitución y el adulterio. Violación no solo entendida a nivel físico, moral y psicológico, la violación física se manifiesta a través de la agresión física, el castigo; la violación moral se observa en los calificativos como ”puta”, “prostituta “ o “adultera”, “esclava”..etc. La violación psicológica se dirige al poder de la mujer  y se da en todos sus aspectos, el pensar, el sentir y el accionar que este sistema de creencias limitante ha arrebatado a la mujer.

En interesante señalar desde el punto de vista psicológico, que el impacto de esas imágenes y hechos pasados primordiales,  han dejado una huella  en nuestra psique, que perdura hasta nuestros días.

La libido es la fuerza impulsora de nuestra propia alma, en la cual reside en reproducir, lo útil y o nocivo, lo bueno y lo malo” (Jung, 1963, 135).

Así afirma Jung que la disposición innata de representaciones paralelas, estructuras universales de la psique conforman el Inconsciente colectivo, término que no hemos de pasar por alto en el análisis del mito y por consiguiente en el origen de la existencia. Los arquetipos-dice Jung-no consisten en ideas heredadas, sino en predisposiciones heredadas a “reaccionar” de tal o cual modo.

Hemos de aludir y recordar la importancia del símbolo ya que este trata de transfigurar o transponer el conflicto, éste surge como mediador entre humano, naturaleza y cultura (muerte-vida). Como afirma  Ortiz Odés en su obra “ElMatriarcalismo Vasco¨;¨ la angustia, la ausencia como respuesta se interpone entre yo mismo y el otro, ocupando imaginariamente el espacio abierto entre la madre y el niño. En este ámbito de lo simbólico se instala el mito, reflejando  la propia realidad interior, realizándose un pacto entre exterior e interior, naturaleza y cultura a través de un lenguaje relacional o sea simbólico¨.

6.-LA PSIQUE COMO ENERGÍA FEMENINA. (La escuela  Junguiana)

La psicología analítica, también conocida como psicología de los complejos y psicología profunda, es la denominación oficial dada por Carl Gustav Jung en 1913 a su propio corpus teórico y clínico, y al de sus seguidores, diferenciándose así del psicoanálisis freudiano, ante las discrepancias conceptuales existentes centradas fundamentalmente en las teorías de la libido, el incesto, la energía psíquica y la naturaleza del inconsciente.

El estudio de los símbolos arquetípicos transpersonales, de aquellas imágenes que cohabitan en nuestro inconsciente colectivo o imaginario cultural, surge con el fin de afrontar o considerar su sentido psíquico. Estos símbolos proceden de las imágenes de los PROTO-PADRES, de la madre y del padre, ánima, animus, héroe, heroína, símbolos del YO personal y el SI MISMO, el yo oscuro y profundo. Todas ellas imágenes míticas primordiales. El mito de la Gran Madre Mari se convierte en un símbolo presente, convertido en una figura arquetípica, omnipujante, imagen numiniosa o sagrada que recubre el trasfondo arcaico de nuestro inconsciente, o sea la matriz cultural de nuestra Psique.

En su obra “La dinámica de lo inconsciente”, Jung describe muy bien este fenómeno cargado de emotividad, de vida, describiendo la energía como una “relación”, así lo psíquico se manifiesta como un sistema relativamente cerrado. De este modo la integración de los procesos Psíquicos en el sistema físico, tiene su origen en esas programaciones psíquicas primarias.  Nuestra psique, afirma Jung, tiene un sistema de valores psicológicos, entendiendo valores como apreciaciones cuantitativas energéticas, (valores morales, estéticos y colectivos). Estas apreciaciones son subjetivas de cada individuo.

La formación de los complejos como elementos psíquicos cargados afectivamente, dan como resultado a los ARQUETIPOS, que  consisten en elementos nucleares inconscientes, y estos tienen poder constelizante, es decir, que se proyectan desde dentro hacia fuera, por eso se dice que nuestro inconsciente tiene vida propia.

Hemos de entender la psique como un potencial energético, donde aparecen las específicas habilidades,  capacidades, y posibilidades, que son todas disposiciones suyas. Así la energía psíquica se manifiesta en los fenómenos dinámicos específicos del alma, como instinto, voluntad, afecto, atención, rendimiento, etc.

El proceso psíquico para Jung aparece como un  proceso vital: ¨ donde comienza la plena oscuridad, no termina para nosotros lo psíquico, sino que continua en lo inconsciente¨.

 

7.-El MITO COMO  SIMBOLO ARQUETIPICO.

La escuela Junguiana estudia los símbolos arquetípicos transpersonales, aquellas imágenes fundamentales que cohabitan nuestro inconsciente colectivo o imaginario cultural, con el fin de afrontar o considerar su sentido psíquico. Como es sabido las grabaciones de la psique que permanecen en el inconsciente colectivo tienen su origen en la mitología, por tanto es importante aclarar la teoría del inconsciente de la escuela Junguiana.

Para Jung existe un alma universal que está presente en todos los seres humanos, considerando la dimensión personal como artificial, como una máscara que hemos de llevar para poder desempeñar el rol que la sociedad nos impone. La identificación con una determinada personalidad resulta limitativa y reductiva, impide la completa autorrealización y causa conflictos entre los contenidos inconscientes aceptables, y aquellos que  por el contrario son inconciliables con los principios de la sociedad, y destinados a permanecer inconscientes, formando la sombra de la personalidad consciente.  Quizás para el psiquiatra suizo los desequilibrios de la mente radican en que no hay una integración de nuestra parte inconsciente, y al ser negada esta energía psíquica, busca la forma de de salir en forma de complejo o desequilibrio. Pero este reside en la falta de comprensión última del sentido de nuestra existencia, por esa desconexión con el aspecto femenino, sagrado, oculto, misterioso, por esa crisis de creencias, pues ese alma universal que nos conecta a todos, ese anima primaria, bien puede significar la energía femenina emanadora, que es LA GRAN MADRE.

Para Jung el inconsciente es FEMENINO; ¨ es un manantial de donde surge la sabiduría, la fuerza y la frescura en la vida¨.

 

8.-LA DIOSA MARI. UN ARQUETIPO VIVO EN LA MITOLOGÍA VASCA

En lugares como Euskalerria, hay vestigios de una sociedad matrista o matrilineal, donde la figura de la DIOSA MARI, sigue viva aún en nuestros días.

En la mitología vasca la Tierra se representa como cuerpo materno del universo. Según JM Barandiarán (sacerdote y antropólogo vasco), MARI, es un genio femenino, un ser sagrado que acapara muchas y diversas funciones hasta el punto de ser considerada DEIDAD MÁXIMA.

Está divinizada, no es globalizadora ni abstracta, sino implicadora y co-implicadora, se metamorfosea en animales y plantas, y es dueña de la lluvia y las tormentas, con Urtzi representando al cielo, bóveda celeste, consorte masculino a su servicio. Mari asienta sus dominios en simas y montañas, cuevas y recovecos bien localizados:

MARI DE ARALAR, LA DAMA DE AMBOTO, LA SANTA CUEVA….

El nombre de esta deidad es MARI o AMARI; MAYA O AMAYA, lo que la emparenta con la MADRE.

Mari es un arquetipo o símbolo radical de la TIERRA MADRE, su personificación humana es consecuente, como una mujer ricamente vestida, rodeada de oro y riquezas, cuyo hábitat especifico es, de forma expresiva el interior de la tierra, como elemento animado por dentro, configurando una naturaleza viva, un ámbito sagrado, y  tiene su presencia simbólica en los diferentes reinos; en el mineral en grutas, simas y cavernas, donde se le rinde culto religioso basado en sacrificios, ritos y ofrendas, en el  vegetal aparece en forma de, árboles sagrados o en llamas, hierbas medicinales. En el animal, se representa como la vaca, el macho cabrío, toro caballos, buitres, serpientes, cuervos…..y en el reino humano aparece focalizada en sus mandamientos, rituales, beneficios y maleficios, recompensas o venganzas. La religión de Mari tiene sus propios mandamientos: no mentiras, no robarás, no te jactarás por soberbia, cumplirás la palabra dada, respetaras al otro, asistirás a los demás.

La Dama de Amboto también es conocida y nombrada, por ser ella dueña del viento y de la lluvia, lluvias fértiles que traían buenas cosechas. Siendo el arcoíris uno de sus símbolos de representación.

A Mari había que respetarle y nunca darle la espalda, si entendemos este hecho desde lo simbólico, no podemos darle la espalda pues de ella provenimos.
El robo, la mentira, el incumpliendo de la palabra, son aspectos negativos que nos alejan de ella, en este sentido aparece este hecho como una moral o ética naturalista justa, que aboga por la sinceridad y buen hacer, condiciones indispensables para una convivencia armoniosa en comunidad. Hay que señalar que la cultura de Mari era comunitarista y naturalista.

La tierra es una DIOSA MADRE “AMA LUR”. Esta femineidad de la tierra también se ve reflejada en sus vástagos SOL y LUNA, donde el género de estas divinidades para la cosmogonía vasca son de género femenino. Esto es muy importante desde el punto de vista cultural, ya que la propia tierra y sus hijas SOL “EGUZKI” Y LUNA “ILARGI” conforman un trío mitológico de carácter matrial y femenino.

En estas sociedades,  la mujer era respetada y cumplía un rol importante como guía, sacerdotisa, madre, educadora, curandera y representante de la DIOSA

La mujer era la Etxecoandre (señora de la casa), donde las casas o caseríos eran también considerados moradas de la Diosa Mari, albergue de los vivos y ámbito de los difuntos, lugar inviolable para sus moradores, representación cultural de la cueva natural. El papel de la mujer consistía en la dirección de las labores domésticas, el culto a los ancestros, parteras, curanderas y sacerdotisas. La mujer era un símbolo de devoción y respeto  pues ella era la emisaria y representante de Mari en la tierra.

En los aquelarres, reunión donde se celebraban ceremonias orgiásticas de fertilidad,  Aker era el consorte sexual de Mari, el macho cabrío que con su potencia sexual, estaba al servicio de ella. En estos rituales, que se hacían cada viernes, día asociado al planeta Venus, se ofrendaba la energía sexual en su expresión más pura, a la tierra, como símbolo de fertilidad y buenas cosechas, entrando en éxtasis al más puro estilo Dionisiaco, siendo esta parte honrada como una conexión directa con la madre tierra, comiéndose al final al carnero. A estos encuentros, en los que se bailaba y cantaba dentro de una cueva, pues la cueva, así como los meandros, los ríos, la sinuosidad de la naturaleza eran símbolos de Mari, acudían las Sorgiñas, o hijas de Mari, como representantes suyas  y las Lamias, que son figuras humanas con extremidades animales, genios femeninos del mundo subterráneo, que más tarde fueron considerados como seres mitológicos de carácter lascivo, convirtiendo a la Lamia simbólicamente en una bruja mala. Hay que citar a Basajaun y la Basandere, señor y señora del bosque, como otros de los tantos personajes que cohabitan dentro del imaginario vasco.

Es importante señalar que lo masculino aparece integrado y al servicio de lo femenino como la energía de vida y muerte que es MARI, por eso en lo terreno tiene a su servicio a  Aker, macho cabrío símbolo de vida y fertilidad. Y en su aspecto Divino tiene a su consorte  Urtzi, frontón celeste de la madre terrestre, deidad masculina al servicio de la Diosa.

Mari pare dos hijos, representaciones ambivalentes de la energía femenino-masculina, Atarrbi y Mikelast, ambos provienen de un pasado o trasfondo pagano oscuro, uno es capaz de superarlo como Atarrbi convirtiéndose en sacerdote  y en cambio Mikelast queda como el hermano demoniaco, representando un aspecto negativo de la energía de MARI, a la cual ayuda en sus acciones destructoras y maléficas.

Mari representa el alma de la tierra, con su Adur como fuerza religadora e impasiva e Indar como fuerza expansiva o desligadora, pues Mari es la energía libidinal primordial generadora de vida, y para que la vida se dé son necesarios los polos contrarios.

El animismo de la mitología Vasca, en el papel de MARI, nos recuerda que el mundo no es mecánico, sino que está animado por ánimos, animas, espíritus y genios ,fuerzas subjetivas y energías psíquicas. El animismo es una proyección del hombre y lo humano  a todo el universo.

A Mari se la puede ver sentada al sol a la puerta de su cueva, junto al fuego, peinándose con su peine de oro, el acto de  peinar, cardar, hilar, tejer, elaborar la realidad, aparece representado por el peine de oro, el metal al que los alquimistas pretenden hacer convertir el plomo, el oro aparece como elemento sublimador de su naturaleza, como un símbolo de transmutación alquímica.

Sus símbolos son la hoz, el trigo…pues ella trabaja en la realidad, peinando la psique, siempre elaborando.

Así ella expande y contrae en un” continuum”  en su peinar, ella desenreda la realidad y la elabora, así mirándose en el espejo, Mari se ve reflejada a sí  misma como tejedora de su propia existencia. El espejo es utilizado simbólicamente en otras culturas,  por ejemplo en la cultura Mexica.  Tezcatlipoca, dios que solía aparecer representado con una franja negra en el rostro y un espejo de obsidiana en el pecho, donde veía todas las acciones y pensamientos de la humanidad, y del cual brotaba un humo que mataba a sus enemigos. La condición de espejo configura a Tezcatlipoca como el espejo de la verdad, los contrastes y dualismos presiden todas sus funciones.

El espejo de Mari también cumple esta función, refleja aquello que esta enajenado dentro de nosotros, el que proyecta nuestro opuesto, nuestra parte oscura, nuestro ego,  así puede servir negativamente para fijar, o detener, o puede resultar un instrumento de metamorfosis y transformación. Da pie a una nueva visión del mundo capaz de relativizar y correlativizar los contrarios en un mutuo espejeo “cada ser solo puede ser revelado en su opuesto”.

Según Ortiz Osés, ¨el espejo materno-el arquetipo de la gran Madre, posibilita la obtención del servicio precioso (oro, perla, líbido) de la existencia¨.

La cualidad “manadora” de la DIOSA, lleva a una unión o fusión de los contrarios, como se representa en un animal (pez, sierpe) que se muerde la cola. Así en su acción de peinarse, carda la existencia, elabora el futuro  y con su espejo refleja el pasado, ella es bipolar, dar y recibir, expansión, contracción….

La importancia de la existencia de la Diosa, es decir su redescubrimiento, es que ella representa el símbolo de vida, pues muestra, personifica y construye la realidad. Por eso MARI, su simbología, nos llega como un bálsamo materno que abarca en su seno también a lo terrible y lo malvado, pues gracias a ello se despierta nuestra curiosidad sagrada hacia el lado femenino de nuestra existencia. Mari nos habla de la necesidad de unir los contrarios, para que nuestra pisque pueda integrar los opuestos, pasar de ver un mundo dualizado a verlo UNIFICADO.

Mari es Madre del Sol y de la Luna, ambas femeninas. Mitología de origen uterino-femenino. Como madre que se casa con el cristianismo, su simbología animista matrial se transfigura en la representación espiritual de la trinidad de índole masculina, Padre, Hijo y Espíritu Santo, siendo María el alma del mundo, que cohabita tanto en la cueva como en la catedral, para así siempre estar coo-presente  en la realidad cotidiana.

El mito de origen Ama-lur y su simbolismo, incluye a todas las mujeres de  la tierra, pues la esencia de Mari, humana-divina, representa el arquetipo de realización de lo femenino primordial como principio de vida en la tierra, la integración de los contrarios como principio mismo de la propia  existencia.

El arquetipo de la Madre Universal abarca muchos aspectos básicos de nuestra Psique primordial, así rememorarla es abrir una puerta hacia la unificación de los contrarios.

El arquetipo de la MADRE,  acuna lo que es y lo que no es, por tanto MARI puede ser entendida como un Mito de origen, y un Mito de Destino.

 

9.-LA IMPORTANCIA ARQUETIPICA DEL MITO DE MARI

Para las culturas arcaicas la relación del hombre con sus Dioses era de vital importancia, pues de ello dependía su supervivencia, como señala C. Pio Baroja, al relacionar las pinturas rupestres pre- paleolíticas con los ritos de caza para asegurar su sustento, en ella se ve claro la unión de lo femenino manifestado a través de la magia y ritualística, con lo masculino, representado en el acto mismo de la caza.
En las primeras sociedades, donde la mujer debido a su maternidad ha de asentarse en un lugar para poder alimentar a su cría, las comunidades eran organizadas por ella, los hombres iban a la caza o a la pesca. Ellas se encargaban del cultivo, mantenían el fuego encendido, cuidado del ganado y las labores domésticas, así como de profesar los cultos de nacimiento y muerte. Este respeto y amor a la mujer han propiciaba un orden y armonía entre géneros que se perdió con el patriarcado. Es necesario apuntar que la enfermedad de la mujer lleva un tinte de infravaloración y desprecio del hombre hacia ella.

Los arquetipos  según C.Jung, mantienen viva la memoria del inconsciente colectivo, nos abren una puerta al entendimiento de nuestras actitudes y comportamientos inconscientes.

Si observamos y analizamos las distintas cosmovisiones mitológicas, en la mayoría de ellas se puede observar la irrupción del sistema de pensamiento patriarcal. La invasión  de la sociedad matrilineal basada en el culto a una diosa única universal, que duró varios miles de años hasta el cuarto milenio, a.C, fue destruido por una serie de invasiones por parte de los indoeuropeos o kurganos, que en un lapso de dos mil años destruyeron la sociedad matrilineal de la vieja Europa, donde la descendencia se establecía a través de la línea femenina, y la reemplazaron por el patriarcado, siendo la diosa nutricia  sustituida por los panteones de dioses masculinos.

Pero en algunas culturas pre indoeuropeas, como la Vasca, encontramos resquicios vivos de una estructura de pensamiento matrial o matrilineal. La importancia de rememorarlas es que nos traen a la conciencia una memoria naturalista, comunitarista, donde la conexión con la naturaleza no es una ilusión, sino que conforma una realidad tangible que perdura hasta nuestros días.

El inconsciente como realidad intrauterina, también lo conforma la sombra, lo que negamos  de nosotros mismos, nuestros complejos y temores.

El inconsciente como realidad onniabarcante nos muestra que existe un orden cíclico femenino, lunar, intrauterino, circular, misterioso, mágico…de purificación, Mari revela   su actitud purificadora trayendo las lluvias, las tormentas, los terremotos, el fuego, los ciclones…aspectos que muestran la cara oscura de la naturaleza. El aspecto femenino de los ciclos de vida- muerte y resurrección están presentes en todos los estratos de la vida y de la naturaleza incluso en la existencia humana, nacemos no sabemos bien de dónde, pero a través de una mujer y morimos, experimentamos un viaje a través de la dualidad para retornar a un lugar, no sabemos muy bien a dónde. Las culturas primitivas entendían la existencia como un eterno retorno al origen,  la muerte no era entendida como un drama de la existencia, sino como un paso a otro estadio de realidad, y por tanto, no como una pérdida, sino como una muestra de la inmortalidad propia de los seres divinos.

Así  MARI representaría lo femenino uterino, donde las polaridades quedan bien integradas sin el juicio y la condena patriarcales. Rememorar es sanar, y es entender que más allá del sistema de creencias impuesto por el hombre, existe un sistema de sentimiento “natural” que encarna la propia naturaleza. Ésta es femenina, cíclica integradora y transformadora, donde vida y muerte no son opuestas sino complementarias.

A la hora de  definir la importancia de los Mitos incluido el de MARI, hemos de entender el significado del símbolo, pues en él coexisten dos realidades dentro de un mismo holograma, el símbolo representa un hecho y tiene sintéticamente una razón simbólica.  Un porqué de ese símbolo, es el lenguaje, pues en sí, es un ejemplo vivo de un conjunto de símbolos, que permiten expresar y comunicar una realidad dada. Podemos conectar con el origen de las cosas, Eliade hace referencia a que hubo un tiempo mítico primordial, donde los humanos tenían conexión directa con el plano divino, invocando e implorando el tiempo de origen, así la ritualística pasa a ser una representación de un tiempo pasado confiriéndole de nuevo vida, siendo esta representación algo que sucede fuera de la realidad cotidiana. Por todo ello  los mitos no pueden ser ignorados como meras historias sin valor, puesto que ellos nos hablan del origen del hombre, de los tiempos arcaicos y sagrados “un tiempo sagrado” como afirma Mircea Eliade.

Esto nos lleva al aspecto femenino integrador del arquetipo de MARI o Gran Madre, que siempre está presente, manifestando ese aspecto de vida eterna uniéndose en un “continuum vitalista”. Configurando así su principio de eterna permanencia, un paralelismo Psicofísico de conservación de la energía que ni se genera ni se destruye, sino que se transforma como dice la física.

Por todo ello surge el arquetipo de MARI como DIOSA MADRE UNIVERSAL,  para que a través de su naturaleza omniabarcante y coimplicadora, la escisión entre consciente e inconsciente sea unificada pues la unión e integración de los contrarios es lo que regenera la vida.

En este momento presente donde impera la desconexión de lo femenino, y el sistema de creencias patriarcal, parece simbólicamente, como si  la MADRE NUTRIDORA, hubiera tenido que separarse de sus hijos y, a través de dejarse perpetrar su propio sometimiento y muerte simbólicas, permite amorosamente a través de la manifestación de su propia sombra, que sus hijos puedan realizar el camino de autorrealización y regresar al origen, a ella, pero ya no como meros niños asustados, sino como hombres y mujeres realizados, pues es, en este momento de sombra colectiva, donde están las claves del despertar de la conciencia UNIFICADA e INTEGRADORA. Pues es en la sombra donde mora la luz de MARI.

              ¨Aquel que contempla lo exterior sueña…

               Pero aquel que contempla su interior, despierta¨   C.Jung.

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