LA GIMNASIA EMOCIONAL.

“Las emociones forman parte de nuestra vida y es necesario que nos permitamos experimentarlas, incluso aquellas que no son agradables.” Sura Lillo.

Las emociones se fabrican en nuestro cerebro, por un lado están los neuropéptidos y por el otro los receptores, éstos son los componentes que configuran la estructura de las moléculas de la emoción.

Cada emoción que sentimos produce una sustancia química o compuesto químico específicos que se corresponde con la emoción. Estas sustancias químicas constituyen una cadena de aminoácidos formada por proteínas y se elaboran en el hipotálamo. El hipotálamo es como una pequeña fábrica donde se producen ciertas sustancias químicas que se corresponden con las distintas emociones que experimentamos.

Nuestro cerebro está diseñado para buscar el placer, el cerebro busca el placer y evita el dolor.

Cuando vivimos experiencias que nos producen dolor o placer el cerebro las registra con el fin de reconocerlas en el caso de que volvamos a tener una experiencia parecida. Imagínate que tu cerebro es un radio-casete que graba todas las experiencias vividas.

La conexión de las moléculas de la emoción con lo que percibimos y experimentamos es muy directa. Con el tiempo, una multitud de ideas, actitudes y recuerdos han recubierto ese botón tan simple de placer/dolor. Existe una conexión directa entre el recuerdo, la emoción y la respuesta.

El cerebro reconoce el estimulo, luego la aplicación del significado o interpretación, después, la orden al hipotálamo de lanzar neuropéptidos al torrente sanguíneo y ¡bombea todos los químicos cerebrales! Esa es la dinámica del sentimiento.

El ser humano tiende a suponer o catalogar las experiencias nuevas en patrones que nos resulten familiares, tendemos a pensar que, lo que estamos viviendo, se corresponde a una experiencia vivida con anterioridad.

Cuando los mismos acontecimientos químicos se repiten una y otra vez el resultado es una historia emocional acumulativa. Un mecanismo automático de pautas identificables y de respuestas predecibles que se nos insertan o “anquilosan” en el cerebro.

Nuestro cerebro almacena infinidad de emociones reprimidas, ocultas, soterradas. Estás forman circuitos emocionales que están ahí muy a nuestro pesar.

Las emociones no son buenas ni malas, son necesarias para nuestra supervivencia, nos hacen sentir que estamos vivos, sentimos, amamos, odiamos….sin ellas la vida sería aburrida. Gracias a las emociones evolucionamos.

Todas las experiencias emocionales configuran lo que somos. De todas ellas, las emociones negativas son el trampolín del cambio, las que podemos transformar en sabiduría.

Imaginemos una persona adulta, que ha vivido ya un buen puñado de experiencias, algunas buenas y otras un tanto traumáticas. En la vida amorosa de esta persona adulta ha habido experiencias dolorosas como la infidelidad de su pareja, con los años esta persona vuelve a encontrar a alguien que le hace “tilín” y comienza una feliz relación, pero con el tiempo se enfrenta a sentimientos encontrados; por un lado; está feliz con su nueva pareja; por el otro siente un profundo malestar y desconfianza hacia su pareja, cada vez que su pareja hace planes en solitario, los celos y la desconfianza se apoderan de él, siente enojo, rabia e intenta controlar a su pareja porque el fondo cree que le va a volver a suceder lo mismo. Lógicamente su pareja no se muestra contenta con este excesivo control y la relación se termina. Lo que este individuo siente es real, es doloroso, pero no lo puede evitar, todas estas emociones emergen desde el inconsciente por tanto esta persona no es consciente que está siendo víctima de su propia programación emocional la que configura su pasado. Por tanto si esta persona no es consciente de lo que le sucede ¿Cómo puede evolucionar?, difícil ¿no?.

Todos tenemos un pasado, una colección de experiencias que rigen nuestras vidas, cuando nuestro cerebro experimenta la realidad lo hace desde esa realidad holográfica cargada de materia emocional. Somos adictos a las emociones, a las sustancias químicas que generan nuestras emociones incluso  a las emociones dolorosas, por esta razón nos resulta tan complicado salir de estos patrones emocionales.

Cuando vivimos una vida dolorosa, llena de fracasos, decepciones, engaños…tendemos a pensar que la realidad es así, pero no es cierto, lo que sentimos hace que pensemos que esto es inamovible, lo que sentimos crea la realidad.

Sé que ha muchos no les va a gustar escuchar esto, pero lo cierto es que, sólo cuando enfrentamos nuestras emociones negativas, cuando las liberamos en conciencia, es que podemos transcenderlas y evolucionar. Como ya comenté al comienzo de este artículo nuestro cerebro busca el placer y rechaza el dolor, el contenido tóxico emocional es almacenado en lo más recóndito de nuestro cerebro para emerger cuando sea necesario, proporcionándonos la repetición una y otra vez de la experiencia dolorosa.

La neurociencia en sus últimas investigaciones confirma que hay una relación directa entre las   emociones y nuestra salud. Cuanto más rechazamos nuestras emociones negativas, más propensos estaremos a enfermar.

La enfermedad es la forma biológica del dolor reprimido, de la emoción silenciada, el dolor físico es directamente proporcional al dolor del alma.

Por eso es de vital importancia para nuestra salud practicar la “Gimnasia Emocional”, atreverse a sentir las emociones negativas, atreverse a expresarlas, aunque duelan, sentirlas en plena consciencia nos libera de las consecuencias que acarrea bloquearlas.

En mi práctica terapéutica diaria escucho a muchas personas, y hay una cosa común en muchas de ellas, reprimen su dolor, lo inhiben, mi trabajo consiste en acompañarles a esas cavernas subterráneas de la “psique” y poner luz a su dolor, enseñarles a aceptar las vivencias pasadas, a aceptar la realidad que están viviendo para que una vez liberado el dolor, puedan vaciarse y llenarse con nuevas experiencias.

Si tienes mucho dolor dentro de ti no te lo guardes, platícalo, compártelo con las personas que de verdad te quieren, si no tienes con quien hablarlo o compartirlo pide ayuda, no permitas que tu vida sea una cueva sin luz y esperanza. Afortunadamente existen muchos profesionales que te pueden ayudar.

Cuídate, quiérete y practica “Gimnasia emocional”.

Surá Lillo

Coaching en Psicosomática Cínica

Máster en Terapia de Obsidiana

www.mujerdespierta.com

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