Menú+

EL ARQUETIPO DE MARI.” EL ALMA MÁTER” Surá Lillo

Publicado el May 21, 2011 por en Mujer Despierta, La Psique, Terapia Psicoenergética con Obsidiana. | 0 comentarios

EL ARQUETIPO DE MARI. “El ALMA MATER

“La Gran Diosa Vasca Mari es claramente el símbolo de la Vida onniabarcante, pues en su naturaleza doble acoge en perfecta armonía a los contrarios. MARI, como madre tierra sostiene en su seno la dualidad, la vida y la muerte, la luz y la sombra. Ella pese a todo es dadora de vida, es esa fuerza de la libido que mora en nuestras entrañas más primarias. El principio del illo tempore que diría Mircea Eliade.

Si tuviéramos que entender naturaleza misma de la propia existencia quizás desde nuestro entendimiento más racional y cuantificable, tendríamos muchas dudas para comprobar y corroborar de modo científico la naturaleza de nuestra existencia. Tan asombroso es el modo en que llegamos a esta tierra, como lo es el lugar a donde vamos cuando dejamos nuestro cuerpo.

La mera esencia de la naturaleza es femenina, es misteriosa, es siempre cambiante, y a veces se muestra cruel y despiadada, pero esa fuerza subliminal que subyace en todo lo que ella acontece, esa fuerza está dentro de cada uno de nosotros, esa fuerza es nuestra naturaleza femenina.

Mari es un arquetipo femenino, en su manifestación terrestre aparece como una mujer consecuente con su condición, como mujer curandera, partera, mujer medicina, madre de dos hijas el sol y la luna (ambos femeninos) y en su devenir mitológico aparecen personajes masculinos cohesionados con lo femenino, pues en la mitología vasca lo masculino sirve a lo femenino. La ambivalencia es una cualidad de la NATURALEZA FEMENINA, y es precisamente en esa bipolaridad donde reside su esencia o llama de vida. Pues Mari está asociada a la elemento fuego, ella aparece representada envuelta en llamas. Mari es la madre justiciera dueña de los elementos, ella rige en los cielos controlando el clima de la mano de Urtzi, su consorte Divino que está a su servicio, al servicio de lo femenino, y  así el cielo está al servicio de Mari, propiciando abundantes lluvias, truenos y tormentas cuando es necesario. Mari es la madre naturaleza viva de la madre tierra tiene sus moradas en cuevas y recovecos, en los ríos de aguas cristalinas, en los cielos con su carro de 4 caballos, en el mar, en la casa, ella es la luz y ella es la sombra danzando a la perfección en el vals de la creación.

Para C.Jung, el arquetipo de la Gran Madre queda reflejado dentro de ese arquetipo del inconsciente colectivo asociado precisamente a nuestra conexión directa con nuestra madre, esta representa según la mitología vasca a todas las mujeres de la tierra, todas contamos con la cualidad de ser dadoras de vida, todas representamos a la DIOSA MADRE TIERRA.

LA IMPORTANCIA DEL ARQUETIPO DE MARI

Lo importante desde el punto de vista arquetípico es que portamos su memoria a nivel celular, estamos programados para necesitar una madre para poder sobrevivir en la tierra, y necesitamos su amor y protección. Cuando esto no sucede desde el punto de vida psíquico el individuo reprogramará un programa de respuesta automático ante la falta de amor o sentimiento de abandono.

Desde el punto de vista de la mecánica de la programación  emocional esta sucede también a nivel celular.  Pues la memoria temprana también queda impresa en el cuerpo, así  en el embarazo temprano,  el cerebro comienza a programar el sistema nervioso central desde  a partir del 18 días de la gestación. Esto quiere decir que el futuro bebe, traerá la situación emocional de la madre impresa en su sistema nervioso. Sobre la madre recae la tarea de la reproducción del patrón del pensamiento patriarcal, abanderado por la MADRE TERRIBLE, o siniestra esta que nace desde la competencia, el miedo, la inseguridad, la violencia y en definitiva la falta de amor.  Y sobre la madre también recae el amor y la protección tan necesarios para el sentimiento de seguridad del individuo.

Jung reconoce al inconsciente como la representación de ese lado femenino, donde el arquetipo de la MADRE es un elemento esencial en la formación de la psique, así la figura materna sea terrible o no, repercute de manera contundente sobre la psique del infante. Los 5 primeros años son cruciales para el crecimiento sano del niño,  ahí es donde el niño graba su programa futuro de vida, en base a la relación que establezcan sus padres.

EL PATRIARCADO Y EL LADO OSCURO DE MARI
Los aspectos emocionales que carga la memoria de la mujer en su femineidad, así como el aspecto femenino del hombre tienen su base en el origen del patriarcado hace 5000 años. La memoria emocional ha dejado una memoria de dolor, vergüenza, sometimiento, culpa, rabia y victimismo.
La mujer ha grabado la memoria de tener miedo a ser “ella misma”, esto le ha hecho tener que desarrollar el papel de dócil y sumisa para alcanzar el rango más alto, ser una mujer casada. Toda mujer ve reflejada su realización a través del mandato de un hombre, este comportamiento es impuesto por este sistema de creencias patriarcal, donde el hombre pasa a ser el centro y único motivo de devoción, aquí es donde la mujer se pierde así misma creando lazos de control y dependencia hacia el hombre.
Hemos de recuperar nuestro “poder” entendido como energía femenina bien aspectada en hombres y mujeres, esto nos obliga a tener que revisar nuestros aspectos femeninos que han sido reprimidos u oprimidos por el surgimiento del patriarcado.

LOS ARQUETIPOS DE LA SOMBRA

Desvelar las raíces de lo femenino y oculto nos causa pánico y pavor. Pero permitirnos conectar con nuestra sombra es permitirnos liberar los arquetipos que moran en el inconsciente individual y colectivo.
La toma de consciencia nos brinda un recorrido por la sombra femenina, un recorrido por el dolor incómodo diseminado en los diferentes arquetipos de la Sombra. Carl G. Jung demoninó al arquetipo  como “todo comportamiento dotado de mente y sentimiento”. Si tenemos en cuenta que los arquetipos se transmiten al incosciente via mitologíca y simbolica, desde este prisma hemos de conectar con la memoria ignea para recordar quienes somos en verdad, lo que Jung llamaba el “Self”.

Sus investigaciones antropologicas y psicologicas en la clinica le ha llevado a comprender un factor aun desconocido por la ciencia, LOS ARQUETIPOS. ellos conforman la personalidad del EGO, conocer nuestro ego y escuchar a nuestro propio interior o “el self” se produce a través de proceso de individuación, donde el individuo a través de los sueños puede desvelar los mensajes que su se interno le envía. Las culturas más ancestrales en sus practicas rituales y religiosas, dotaban a los sueños una importancia suma ya que en ellos es donde se manifiesta nuestro yo inconsciente.

Los arquetipos no son ni buenos ni malos, pero tienen vida propia y actuan institinvamente en la mente de la persona. Conocer los arquetipos de la sombra nos puede llevar a comprender la memoria que nos ha sido impuesta de una manera o de otra. Y ver que más allá esta nuestro ser interno que trae un programa que cumplir.

LA SOMBRA FEMENINA

El arquetipo de la SUMISA, o la ESCLAVA es donde la mujer se conecta con los orígenes mismos de patriarcado. Pero la lección de la esclava es darse cuenta que es ella misma la que se somete. La mujer conecta con este arquetipo cuando está en pareja, pues toda esclava necesita su amo.
Otro aspecto que emerge en la toma de consciencia de la mujer es el arquetipo de LA PUTA o  golfa , “la iglesia eligió consentir que la imagen de María Magdalena fuese la que una prostituta, aunque eso sí, arrepentida… “Con el fin de justificar la degradación de la mujer, Dios la condena (a Eva) a toda una vida de dolor. Cuando Eva come la manzana (fruto que representa el acceso al conocimiento) como un hecho condenable y amoral, se convierte en merecedora de maltrato y de castigo. Esto implica el origen del miedo a cultivarse y a adquirir conocimiento
En este arquetipo se vive la negación de la voz de la mujer, la condena de su sexualidad como algo vergonzoso e impuro. La mujer debe aprender que no es inferior al hombre, que su sexualidad es una energía creadora. Pues ella puede elevar esta energía a lo sublime uniendo su vagina y corazón.
La energía sexual femenina es uterina, es decir, su resonancia activa el útero, que es el centro de creación femenino. Muchas mujeres ignoran la existencia de su útero, el útero es el nido donde se da la creación, es nuestro radar, donde mora nuestro profundo sentir de lo femenino.
Hemos de liberar los aspectos o memorias que han sido grabados como negativos en nuestra sexualidad, donde nuestra sexualidad ha sido asociada a algo pecaminoso, o sucio. En este sentido las creencias que el sistema de pensamiento religioso Católico, han dejado en nosotros una impronta que perdura hasta nuestros días.
El arquetipo de la NIÑA MALTRATADA, este aspecto de la sombra femenina emerge como herida de origen, donde el instinto del niño no es controlado, los contenidos que en la infancia son conscientes, en la edad adulta se convierten en inconscientes. La niña nace con el estigma de la culpa y el miedo, así se siente culpable de todo lo malo que sucede a su alrededor. La lección de este arquetipo es aprender que no existe tal dependencia a la madre.
La psique femenina en la mujer ha de realizar una alquimia de la NIÑA A LA MUJER, pues es desde la niña que puede emerger la fuerza al reencuentro con la propia mujer.
Sanar a nuestra niña y puta interior nos lleva a desarrollar nuestra sexualidad conectada a la fuerza de la madre tierra como energía de sanación y creación. Nos permite dar la bienvenida a la mujer que somos.
El arquetipo de LA MADRE TERRIBLE emerge en el marco de dominación que surge con el patriarcado y está en relación con la maternidad. Hace referencia a los aspectos oscuros, siniestros y tenebrosos de nuestra psique. Emerge como respuesta a todo el dolor y sometimiento al que la mujer ha sido sometida en relación a su maternidad.
“La mujer mala” nace con el patriarcado, donde la mujer es utilizada y cosificada como medio para la procreación y nada más. El aprendizaje que nos trae es conectarnos con nuestro sentir, pues la energía de la madre nutricia, amorosa y comprensiva reside en el corazón.
Para que la mujer despierte es necesario que se adentre en estos aspectos ocultos del inconsciente colectivo, ya que la mujer es el primer eslabón de la cadena, pues es a través de su útero que hombres y mujeres vienen al mundo.
Para recuperar la memoria ígnea y primigenia de la naturaleza de lo femenino hemos de rememorar las culturas anteriores al patriarcado, pues en estas culturas están las claves de nuestros roles como hombres y mujeres en la tierra.

MITOLOGÍA MATRIAL-FEMENINA
A partir de las sepulturas detectadas en Europa que datan del 30000 y el 8000 a de C, se ha podido hablar de la existencia de una mitología materna ya en el paleolítico Superior.
Se han encontrado restos de sepulturas en las que el cadáver se encuentre enterrado en posición fetal, esto parece apuntar hacia una concepción de la Tierra como Madre.
Las numerosas figurillas de pequeño tamaño llamadas “Venus Paleolíticas” entre las que destacan la Venus de Willendorf, que representan mujeres desnudas o semidesnudas, obesas y con los rasgos sexuales muy acentuados, podrían tener un sentido mágico y religioso relacionado la potencia de la generación y la fertilidad, tanto de la especie humana como de la naturaleza que queda representada como femenina.
En estas culturas predominaba la actividad recolectora y plantadora, y sin embargo no hay vestigios o restos arqueológicos donde la figura masculina o la unión sexual entre el hombre y la mujer sean representadas en forma alguna. A diferencia de lo que ocurre en el caso de la mujer, el papel biológico que juega el hombre en la procreación no es algo que resulte evidente.
Estas Venus Paleolíticas son las antecesoras de las Diosas-Madres del neolítico de todas las diosas de la fecundidad, ya se llamen Isthar, Asarté , Tanit, Isis o Hathor de épocas históricas.
La visión maternal, cíclica y rítmica disuelve toda dualidad incluida la de la vida y la muerte en un abrazo cálido y consolador.
Como representantes de esta mitología matrial cabe citar la India anterior a los Arios (Harappa y Mohenjodaro), la cretense anterior a las invasiones de los indoeuropeos, la de los Trobiand en Polinesia, la Andina de la Pachamama, así como la mitología Vasca.
Transmitidas por las abuelas y madres de la familia europea, las antiguas creencias sobrevivieron a la implantación de los mitos indoeuropeos y cristianos después. La religión centrada en la Diosa existió durante un largo periodo de tiempo mucho más largo que el que duró la indoeuropea, y tiene de pervivencia la cristiana, dejando una marca indeleble en la psique occidental.
LA DIOSA MARI. UN ARQUETIPO VIVO EN LA MITOLOGÍA VASCA
En lugares como Euskalerria, hay vestigios de una sociedad matrista o matrilineal donde la figura de la DIOSA MARI, como deidad máxima sigue viva aún en nuestros días.
En la mitología vasca la Tierra se representa como cuerpo materno del universo. Según JM Barandiarán (sacerdote y antropólogo vasco), MARI, es un genio femenino, un ser sagrado que acapara muchas y diversas funciones hasta el punto de ser considerada DEIDAD MÁXIMA. Esta divinizada no es globalizadora ni abstracta, sino implicadora y co-implicadora, ya que asienta sus reales en simas y montañas, cuevas y recovecos bien localizados: MARI DE ARALAR, LA DAMA DE AMBOTO, LA SANTA CUEVA….
El nombre de esta deidad es MARI o AMARI; MAYA O AMAYA, lo que la emparenta con la MADRE.

En estas sociedades donde la mujer era respetada y cumplía un rol importante como guía, sacerdotisa, madre, educadora, curandera y representante de la DIOSA.
La mujer era la Extecoandre (señora de la casa) donde las casas o caseríos eran también considerados moradas de las Diosa Mari. El papel de la mujer consistía en la dirección de la labores domesticas, el culto a los ancestros, parteras, curanderas y sacerdotisas. La mujer era un símbolo de devoción y respeto pues ella era la emisaria y representante de Mari en la tierra.
En los aquelarres se celebraban ceremonias de fertilidad donde Aker era el consorte sexual de Mari, el macho cabrío con su potencia sexual estaba al servicio de MARI, en estos rituales se ofrendaba la energía sexual a la tierra como símbolo de fertilidad y buenas cosechas. A estos encuentros acudían las Sorgiñas o hijas de Mari, ellas eran sus representantes. Las sorgiñas eran lo que comúnmente conocemos por BRUJAS; término que fue desvirtuado con la entrada de la iglesia católica, donde cobro un carácter macabro más asociado a la madre siniestra, lo mismo sucedió con la figura de Aker que fue degradado a la figura misma del diablo.
Como por ejemplo en las cuevas de Zugarramurdi. Estas cuevas son famosas por haber acogido durante la Edad Media reuniones de brujas o akelarres, que dieron lugar a un importante proceso por parte de la inquisición en el siglo XVI en Logroño, que condujo a la hoguera y a la cárcel a numerosas personas de los alrededores.
En este tipo de sociedades también han dejado una memoria viva. Los arquetipos que según C.Jung mantienen viva la memoria del inconsciente colectivo nos abren una puerta al entendimiento de nuestras actitudes y comportamientos inconscientes. Si observamos y analizamos las distintas cosmovisiones mitológicas en la mayoría de ellas se puede observar la irrupción del sistema de pensamiento patriarcal, como por ejemplo la mitológica griega y romana.
Pero en algunas culturas pre indoeuropeas, como la Vasca, encontramos resquicios vivos de una estructura de pensamiento matrial o matrilineal. La importancia de rememorarlas es que nos traen a la conciencia una memoria naturalista, comunitarista, donde la conexión con la naturaleza no es una ilusión, sino que conforma una realidad tangible que perdura hasta nuestros días.
Así MARI representaría lo femenino bien aspectado, donde las polaridades quedan bien integradas sin el juicio y la condena patriarcales. Rememorar es sanar y es entender que más allá del sistema de creencias impuesto por el hombre existe un sistema de sentimiento “natural” que encarna la propia naturaleza, esta es femenina, cíclica integradora y transformadora, donde vida y muerte no son opuestas sino complementarias.
Transitar nuestra sombra se vuelve necesario para que podamos conectar con esa esencia primordial donde mora la Mari que todos llevamos dentro.
El arquetipo de Mari, que sigue vivo en Euskal Herria, emerge para recordamos que como mujeres somos las emisarias de la madre tierra, y que cuando nosotras podemos recordar quien somos podemos liberar el aprendizaje de la Madre Siniestra, liberando el miedo a ser NOSOTRAS MISMAS

 

Surá Lillo

www.mujerdespierta.es

Enviar un Comentario