LA MEDICINA DE PRIMER ORDEN: “La Alquimia del Despertar”

 “Dentro de una visión Holística de la salud  la curación no se limita a  la eliminación del síntoma sino a recobrar el estado primordial. Aquella medicina que para reparar un determinado desequilibrio en un sistema ya sea de órganos o funciones, daña una parte de otro sistema, no cura, tan solo tapa síntomas, perpetuando de esa manera la enfermedad”

La Nueva Medicina  aparece como un intento de llegar más allá de la realidad observada y aparente, con una nueva dirección en  la  búsqueda de las causas,  reestructurando un  nuevo paradigma que otorga al propio ser la capacidad de “sanarse”,  retornando en la medida de lo posible  al origen, al conocimiento del ser humano desde todas las facetas de su  vida. Se aúna con  los avances científicos  y se fusiona  con la antigua sabiduría milenaria  legada por nuestros ancestros  pretendiendo  recuperar la perfección de nuestros cuerpos, sanar sin sufrir daños colaterales, fortalecer al organismo, mantener y prevenirnos de  las enfermedades.

Desde la Física Cuántica queda demostrado que  “las partículas subatómicas de la materia pueden estar en dos o más sitios a la vez y se comunican instantáneamente”.  Esta nueva visión de la  realidad subatómica nos presenta por tanto infinitas posibilidades,  un hermoso panorama que nos abre un gran interrogante en el campo de la salud ya que la interconexión , la expansión y el cambio constante de las partículas, nos desvelan la  visión de un  TODO UNIFICADO donde el observador influye en el objeto observado.

En la base de la nueva medicina se encuentra este concepto del Todo venido de las medicinas tradicionales Orientales y que  se plasman en las llamadas  medicinas holísticas que empiezan a fundamentarse científicamente a través de las investigaciones de la física cuántica en contraposición a la física mecanicista. La primera descubre una realidad holográfica, multidimensional, en donde no solo el pasado, presente y futuro coexisten simultáneamente sino que también se borran o diluyen las fronteras entre lo observado y el observador, entre el sujeto y el objeto.

Desde este nuevo concepto multidimensional  de la vida y este nuevo paradigma médico muchos supuestos “milagros” empiezan a entenderse aunque sea difícil su demostración científica. Podemos entender porque hay en enfermedades que resuelven así como enfermedades que no. Podemos empezar a comprender que el efecto placebo es la comprobación fidedigna del  maravilloso poder  de nuestra mente consciente, podemos comprobar como nuestro malpensar nos entumece y nuestros malos sentires nos enferman. Desde nuestro ser primigenio en continua autorrealización  podemos empezar a creernos que los humanos cuando nos conectamos con nuestras percepciones y nuestras sensaciones podemos curarnos porque somos agentes y no objetos de curación.

De esta manera podemos hablar de una interconexión constante entre  todos los aspectos del ser humano no solo a nivel individual sino también colectivo y universal. Esta es la base no solo la Medicina  o de la Psicología Integrales  sino también el fundamento de la Medicina Transpersonal.

Haciendo un poco de historia filosófica,  sabemos que mucho antes de que se pudiera conceptualizar  el nuevo paradigma  de salud a través de las investigaciones y conclusiones de la física cuántica una rama de la filosofía  llamada METAFISICA indagaba y  especulaba con la verdadera realidad del ser,  su cualidad indemostrable y su capacidad ilimitada para rebelarse continuamente  en su estado más puro y real  a los intentos de ser experimentado. Es significativo que de la metafísica surgieran dos ramas la ontología propiamente dicha (estudio de la realidad del  que no puede ser experimentada) y la teología que sería el el estudio de la existencia de Dios como la ultima causa de la realidad.

Lo que esto significa es que hemos pasado siglos de una ignorancia supina negando la  verdad de la realidad del ser por no poderlo  demostrar con argumentos científicos. Hemos  denigrado  a la magia y  como no el encantamiento divino que todos llevamos, en nombre de una correcta epistemología científica que solo creía  en aquello que podía demostrar con sus restringidos instrumentos. La sensación, la emoción y la intuición fueron recursos reservados  para  chamanes, brujos,  locos e insumisos  limitados por la discriminación de la medicina científica y ortodoxa.

Hoy las cosas han cambiado. Afortunadamente la Ciencia está llegando a la conciencia de la mano de la física cuántica  y  ya  es posible  medir los campos electromagnéticos y sus cambios. El doctor Raúl Torres en su publicación “Universo Cuántico” explica la naturaleza de sus investigaciones donde, gracias a las bio-electrografías ha podido diseminar el campo electromagnético  de la persona, aportando una información muy valiosa  desde el punto de vista de la clínica y la prevención de futuras enfermedades.

Es factible observar el efecto de las radiaciones tanto negativas como positivas, no solo en los campos magnéticos, que nos envuelven sino también en nuestro cuerpo, que al fin y a la postre es también  energía. A través de él  nos permitimos   tener experiencias en este plano de realidad tridimensional.

En el ser humano se da la alquimia transmutadora  porque somos pura alquimia, en tanto en cuanto lo similar cura a lo similar necesitamos recursos alquímicos que nos ayuden a recordar y recobrar la memoria  de lo que somos.  Necesitamos honrar y respetar a nuestros cuerpos alimentándonos, moviéndonos, pensando y emocionándonos de manera natural e integrada con la naturaleza.

la alquimia es  considerada como una antigua práctica  protocient´fica y una disciplina  filosófica que combina elementos de la de la química, la metalurgica, la física, la medicina, la astrología, la semiótica, el misticismo, el  espiritualismo y  como no , “el arte”. Fue practicada en Mesopotamia,

en Egipto, Pesia y China. En la antigua Grecia y el Imperio Romano, en el Imperio Islamico y después en Europa hasta ek siglo XIX , en una compleja red de escuelas y sistemas filosóficos que abarca al menos 2.500 años. Fue una de las principales precursoras de las  cienciasmodernas y aunque adopta muchas formas en la base de los tratamientos  la intención filosófica se sitúa en la búsqueda de la “piedra filosofal” capaz de trasmutar oro o vida eterna.

Desde el  plano espiritual, la alquimia tiene un prerrequisito: El alquimista debe  transmutar su propia  alma antes de transmutar los metales. Esto quiere decir que debe purificarse, prepararse mediante la oración y el ayuno. Si contrastamos con las investigaciones de las partículas del mundo subatómico que nos demuestran su continuo devenir y cambio entre el observador y lo observado, entre el que investiga y lo investigado, entre el elaborador y lo elaborado podemos entender a la perfección como es posible que el “poder de la intención” sea un elemento más a considerar en el proceso de  elaborar desde una pócima hasta  un determinado medicamento.

El camino de los terapeutas sean médicos, chamanes o psicoterapeutas es el camino del alquimista: purificarse en su espíritu (ser honesto con  su intención) escuchar  a su alma (senso-percepción) y tener una buena formación y filosofía de vida. Trabajar con elementos que no dañen y acompañar los procesos únicos y personales de los otros.

Afortunadamente hoy en día se está abriendo paso no solo a una nueva concepción del proceso terapéutico, influido por la apertura de muchas prácticas médicas tradicionales,  que desde la antigüedad poseían las tradiciones médicas, desde el chamanismo hasta la medicina  ayurvedicas o  chinas, entre otras y las herramientas fundamentales cuentan con esta integración de la astrología, la naturopatía, la psicología y las ciencias del espíritu.

En nuestro quehacer terapéutico resaltamos el valor de las medicinas tradicionales, china o ayurvédica, porque vemos florecer en nuestros pacientes su luz, ya sea a través de los cristales, las flores o aceites esenciales. Entendemos las enfermedades como si se trataran de patrones transpersonales y seguimos sus movimientos como si de impulsos vitales se trataran, siendo así, ya que nos enseñan los entresijos anímicos por los que se mueven para el despertar consciente.

Un ejemplo de este nuevo camino es el concentrado de Oro potable, un compuesto alquímico elaborado por Petri Murien que siguiendo un proceso hermético condensa  los rayos del sol polarizados por la luna. De esta manera podemos utilizar sus virtudes para estimular y ordenar ese gran centro de luz de que disponemos. Cuando tomamos este compuesto alquímico un nuevo orden va apareciendo paulatinamente en nuestra vida, nos equilibramos,  pensamos con mayor claridad y nos orientamos con más facilidad hacia nuestras auténticas metas. Al mismo tiempo nuestro cuerpo se regenera, se fortalece al tiempo que se vuelve más flexible. La gran ventaja de estos recursos es que ayudan a sanar sin efectos secundarios, esa fue la máxima de Paracelso “hacer el mayor bien con el mínimo daño posible”

En nuestra  experiencia clínica podemos observar como el paciente interviene de forma directa en sus procesos de curación, ampliando la consciencia de su cuerpo y mente de manera considerable.

La verdadera curación esta en dotar al organismo de un referente vivo que lo conecte con su verdadera naturaleza y por el efecto de la resonancia permitir su debido equilibrio.

Es necesario que abramos nuestra mente a un nuevo paradigma donde los viejos límites caen para dar paso a un mundo lleno de infinitas posibilidades donde tú, eres una.

Surá Lillo. Terapeuta Holística & Geometrías de Obsidiana Avalada  por la SITO.

 

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