LAS VERDADES Y MENTIRAS DEL AMOR. Surá Lillo

“Amar significa abrazar y, al mismo tiempo, resistir muchos finales y muchísimos comienzos….todos en la misma relación”. Clarissa Pinkola Estés
A lo largo de nuestras vidas nos enamoramos varias veces, y en todas ellas parece repetirse la misma escena, aunque nos enamoremos de personas distintas, de lo que realmente nos enamoramos es de nuestra propia proyección del hombre o mujer ideales. Para después, con el tiempo, irnos desenamorando cuando la persona no cumple con los altos valores que le habíamos proyectado.
Este encuentro con la realidad puede darse al comienzo de la relación, donde los implicados en la relación amorosa han de desnudar un poco más su sentir, ya que cuando abrimos nuestro corazón a alguien tememos ser dañados. En estos momentos es cuando la sombra de nuestra psique emerge para defenderse ante la pérdida del estado de confort en el que se encuentra.

Si cuando éramos niños sentimos que fuimos traicionados por nuestros propios padres, forjando así el arquetipo del niño-a herido, este emergerá como mendigo relacionándose desde la carencia y la codependencia del otro. Los niños y niñas heridos cuando se enamoran temen ser abandonados y sin saberlo eso es lo que provocan.
El arquetipo del padre y madre universales, donde ambos solo muestran sus aspectos más aceptados, genera un conflicto a la hora de aceptar los aspectos negativos de nuestros progenitores y esa negación queda grabada en nuestra psique donde será reproducida de forma inexorable en nuestra vida de adultos dentro de nuestras relaciones.
Aceptar que nuestros padres no han sido tan buenos o malos como creíamos nos lleva a un gran aprendizaje.
Carl Jung ya definió este fenómeno psíquico como la proyección de ánima y del ánimus.
La Proyección es una función psíquica por el cual un sujeto, inconscientemente, hace coincidir sus vivencias internas con la personalidad de otra, ya sea pareja, amigos u otras vinculadas.
El ánima para Carl Jung, suponía la proyección de esa mujer ideal que el hombre busca, sobre la nueva mujer de la cual está dispuesto a enamorarse. Los valores que elija serán en función de lo que ha vivido en el ámbito familiar. Pero de cualquier forma proyectará su anhelo sobre su nueva conquista, para más tarde desengañarse ante la presencia de su propia madre siniestra, entendiendo este aspecto de la psique como lo femenino reprimido.
Cuando un varón no tiene bien aspectada la figura materna en su vida esto causará estragos en las parejas que este varón elija, pues proyectará sobre la mujer la polaridad contraria al arquetipo que más dañado tenga, por ejemplo un niño resentido con su madre, buscara una mujer a la cual pueda dominar, siendo esta la única forma de sentirse aceptado por el otro, proyectando el arquetipo de la esclava en la mujer.
El hombre vive a la madre como siniestra, como se refleja en el mito de la muerte de la Diosa Tamiat por el guerrero Marduk, también por el mito del asesinato primordial.
Marduk, al vencer a la Diosa Tamiak, representa, no solo la lucha de poder, sino la usurpación violenta y agresiva del poder femenino por parte de los hombres que buscaban someter y conquistar a las figuras femeninas de esa sociedad matrilineal.
En casi todos los adultos, si hubo en otros tiempos alguna dificultad con la madre y aunque ahora ya no la hay, existe todavía en su psique una doble de su madre, que habla, actúa y responde de la misma manera que su madre real en la primera infancia. Este “complejo materno” es el que se pone en funcionamiento cuando no hemos integrado los aspectos oscuros de la psique en relación a nuestra madre y esto hace que difícilmente podamos establecer relaciones de pareja en equilibrio.
El ánimus es precisamente la inversa, donde la mujer proyecta en el varón del que se acaba de enamorar todas las expectativas de lo que para ella es un hombre ideal. Cuando la mujer en su infancia no ha recibido el amor y la aprobación paterna, buscará y proyectara su ánimus sobre varones que la maltraten, ignoren e infravaloren, sin embargo siempre con la fé de que algún día el varón cambiará y cumplirá con las expectativas de su ánimus. En este caso la mujer en su vacio encuentra un hueco que llenar convirtiéndose en la salvadora del varón, entrando en el difícil rol de esclava del hombre, proyectando en él a su amo.
Este binomio de desequilibrio psíquico se da a un nivel inconsciente en muchas parejas, donde se perpetúa la sombra del amo y la esclava, ambos surgen del desamor paterno y materno. Cuando estos arquetipos de la sombra se apropian de la voluntad de la persona, esta puede ser arrastrada por procesos de mucho dolor y sufrimiento. Este ambiente psíquico es caldo de cultivo en relaciones donde se dan malos tratos en todas sus variantes.
Las relaciones afectivas conflictivas nos muestran una gran herida en la psique en relación con la madre, con el padre o con ambos. Estos arquetipos universales que moran en el inconsciente colectivo nos muestran unos cánones irreales difíciles de cumplir, y que cuando éramos niños proyectamos sobre nuestros propios padres, no aceptando en verdad lo que eran, sino siempre deseando que hubieran sido diferentes. Es hora de honrar a nuestros padres por el mero hecho de que nos han dado la vida.
La relación con el otro es siempre nuestro aprendizaje, pues además de proyectar el ideal (ánima-ánimus), también proyectamos a nivel inconsciente nuestra sombra, que emerge como espada para alejarnos del dolor y del sentir de nuestro corazón.
La sombra es todo aquello que no vemos y que no sabemos de nosotros mismos, todo aquello que negamos. Solo podemos verla cuando nos relacionamos.
En pareja ambos proyectan sobre el otro todo aquello que no tengan bien integrado en sus vidas, nuestra psique, esta se muestra solo a través del otro. Y es aquí y no antes donde entra en escena el amor, pues este último es el que posibilita que podamos conectar con nosotros mismos y con nuestro verdadero sentir al relacionarnos con el otro, comprendiendo que lo que me duele es mío, el otro es solo un espejo.
Para ello debemos ser responsables de nuestros temas inconclusos, de nuestra falta de amor, reconciliarnos con la vida, reconociendo que en esta vida estamos dentro de un gran aprendizaje.
El sistema de creencias en el que hemos sido educados nos lleva a eludir el dolor a toda costa, pero el dolor, por más denostado que esté, es un maestro que nos lleva a conectar con lo más profundo de nuestro ser, donde también tras liberarlo podemos sentir que allí también moran los talentos y dones que llevamos dentro.
El hombre huye de la pareja que lo confronte con su carencia o asfixia materna. La mujer tiene miedo a ser herida y rechazada. Y es precisamente lo que recibe si entra en el arquetipo de la madre controladora y dominadora.
Pero si algún día el hombre y la mujer se atreven a mirarse de frente comprenderán que el otro es un reflejo de sí mismo, son sus valores masculinos y femeninos, son sus creencias, su sombra.
La verdadera mujer que somos en realidad ha de resurgir desde la entrañas de nuestro útero creador. La mujer es una entidad emocional, es el motor guía que impulsa el sueño del hombre. Es la encargada de mantener el fuego del hogar encendido, es la que sabe tener visión y siempre da buenos consejos. Es una mujer medicina.
El verdadero hombre nace desde la honestidad y el coraje de aceptar sus debilidades, reconociendo en la mujer el reflejo de su lado femenino.
La mujer tiene un alma dual, salvaje, instintiva que a veces incluso asusta a la propia mujer y no digamos a los varones. La naturaleza de la existencia es bipolar, querer sujetar el día, lo bello, lo socialmente aceptable es matar la verdadera naturaleza de lo femenino en nosotros.
El amor verdadero para que nazca en la relación de pareja solo sucede cuando ambos entienden la naturaleza cambiante y transformadora de la “Dama de la Muerte”, ambos amantes han de sucumbir a lo cíclico, a la esencia del cambio, ambos han de despertar sus instintos conectados al corazón, han de aceptar a esa Dama que les recuerda que en el viaje siempre estamos en movimiento.
Muchas relaciones sucumben tras pasar la fase de enamoramiento, o más bien la fase de la proyección Psíquica. Esto es debido a que rechazamos aquello del otro que aun no hemos integrado en nuestro yo consciente.
Si en lugar de salir corriendo nos quedamos, podemos aprender muchas cosas de nosotros mismos. Hemos de aprender a abrazar la sombra del otro pues es un reflejo de nuestro propio inconsciente.
Solo aceptando al otro tal cual es podemos alcanzar la cota del amor verdadero o incondicional. Pues la primera mentira del amor es amar con condiciones, esto no es amor. El verdadero amor no espera nada a cambio.
Clarisa Pinkola Estés en su Libro: Mujeres que corren con lobos, describe a través del cuento La Mujer Esqueleto este fenómeno Psíquico, en el relata la visión arquetípica de la naturaleza femenina, manifestándose en este caso como la sombra u aspectos reprimidos de la psique de ambos integrantes de la pareja, en el cuento describe las fases psíquicas del encuentro con la sombra en la relación, apareciendo esta en forma de “dama de la muerte o mujer esqueleto”, de la cual no se puede huir.
Solo cuando el protagonista del cuento abraza a la mujer esqueleto, cuando la acoge en su vida esta revive y se convierte en una hermosa mujer y es partir de entonces y no antes, que ambos descubren el amor del hombre y la mujer salvajes, ese que se da desde lo más profundo y no espera nada a cambio
Surá Lillo
Couching en Psicosomatica Clínica

Máster en Terapia de Obsidiana.

www.mujerdespierta.com

Artículo publicado en el nº41 del mes de Septiembre de 2011, de la revista UNIVERSO HOLÍSTICO.

 

Deja un comentario