Libertad de Elección. Raquel Schallman

Portarse bien, respirar adecuadamente, no descontrolarse, estar relajada… Frases que circulan alrededor de la idea de un parto. Es como un examen, y cumplir con estas condiciones quiere decir que la nota es alta. ¿Es realmente así? ¿Es eso lo importante? Por supuesto que no, dirán, lo más importante es que la mamá y el bebé están vivos y estan bien.
¿Esto es a todo lo que se puede aspirar en estos tiempos que vivimos?
Peridural, monitoreos, aparatos…¿Cuál es la imagen que se transmite a una mujer que planea un hijo, o a una embarazada? El nacimiento de un hijo responde a una profunda necesidad vital. Y el parto es un hecho absolutamente genital y sexual. Estos elementos debieran hacernos pensar en que no es meramente una situación médica, de enfermedad y riesgo, sino que tiene que ver con la vida, el placer, la alegría, la esperanza, las emociones intensas.
Da la impresión no solamente de que hay una sola manera de parir, sino que además, es la única adecuada e implica un sometimiento a estadísticas, vitaminas, instrumentos.
Y no es así. Si cada una se animara a preguntarse ¿cómo quiero tener a mi niño? ¿Donde? ¿De qué manera? Cada cual se animaría a buscar lo que necesita.

Si se tiene tan claro cómo es la ropa o el peinado, o la sábana o la comida que uno elige, ¿Cómo no seguir un poquito más allá y preguntarselo en relación a un momento tan maravilloso y fundante cómo es el del momento de conocer al bebé que ya está dentro de la panza?

Prepararse para ese momento es caminar por un camino diferente: Buscar la gente que pueda acompañar conteniendo, buscar el lugar mejor para uno: la casa propia o alguna otra donde el clima afectivo sea cálido. O el sanatorio o el hospital, después de haber preguntado de qué manera se plantean el nacimiento.
Prepararse es trabajar con el propio cuerpo. Y ésto es muy diferente de hacer gimnasia, o aprender a jadear o a pujar (hecho absolutamente fisiológico en el que sólo hay que responder al reflejo, como en el caso del hambre, por ejemplo)
Trabajar con el propio cuerpo, es buscarse. Descubrir qué es lo que cada cual puede y lo que no. Lo que cada una desearía o no. A qué se anima. Qué cosas le producen miedo… pero desde el cuerpo… y luego, también, desde la palabra.
Prepararse es compartir con otras futuras mamás que están en la misma edad gestacional y entonces, sienten lo mismo.
Es tomar el dolor y el temor, que SI existen -y que tienen su razón de ser- y aprender a utilizarlos a favor y no en contra, para favorecer el proceso. Descubrir estrategias mucho más prácticas, cotidianas, simples y cercanas que una anestesia peridural, que, como bien dice el nombre “anestesia”. No sólo el dolor, también el placer.
¿El que se asusta tanto del dolor se asusta tanto del placer?

Algunas mujeres descubren que la posibilidad de elección es infinitamente más amplia de lo que se habían imaginado. Resulta que se puede tener al bebé en casa, después de haber hecho todos los controles médicos, con un alto grado de seguridad, con todo un equipo obstétrico, o mejor aún, con un pequeño equipo obstétrico, dispuesto a tomarse todo el tiempo necesario para que el bebé llegue cuando él y su mamá lo decidan. Sin que se los apure con ninguna droga.Sin que se rompa artificalmente la preciosa bolsa de las aguas que también cumple una función vital al proteger la cabecita del bebé, que se apoyaría si no, sobre el cuello uterino, haciendo el proceso de verdad doloroso para él y la madre.
Que pueden sumergirse en el agua caliente, lo cual es verdadera y naturalmente analgésico (y no anestésico) y si tienen ganas, también pueden quedarse allí.
O bien sentirse seguras en el interior de una institución, pero después de haber acordado qué es para ellas lo más importante.
El parto es una instancia verdaderamente milagrosa. Del cuerpo de una mujer va a emerger otro ser humano, pequeñito y funcionando con autonomía. Que requiere un montón de cuidados, pero cuidados amorosos: piel materna, brazos cálidos (la mejor temperatura de una cuna térmica es la misma de la madre, pero carece del afecto, del latido, los ruidos y el olor de la mamá).
Este bebé que necesita en principio no tomar frío y poder respirar, se va a tomar su tiempo para encarar la vida. Démoselo. No cortar el cordón de inmediato le permite oxigenarse mientras él tose, estornuda y despide las secreciones que tiene en sus vías respiratorias.
Las “maniobras de extracción” en un parto normal debieran ser sólo tolerar la espera de que la naturaleza haga su trabajo.
Participar de un nacimiento no intervenido, no perturbado, es una experiencia única.
Mamás no preocupadas si “hacen bien” algo, sino entregadas a este proceso fantástico. Con dolor, sí. Pero disfrutando totalmente de este protagonismo absolutamente femenino.
Suelo decirles a las embarazadas que participan en mis grupos que están atravesando una experiencia irrepetible en la cual ellas son las estrellas. Que cada una lo va a hacer de acuerdo a su historia y sus posibilidades.
Y de verdad lo hacen. Hay quienes se expresan con risa o con llanto. Quienes caminan o se quedan quietas. Hay tantos caminos…!
Esa es la propuesta, a través del trabajo previo con el cuerpo, descubrirlos y utilizarlos.
No hay un solo tipo de parto. No es necesario que todas las parturientas sean tratadas como enfermas. Cada una es el centro de esta situación. Los que estamos alrededor, profesionales de la obstetricia, debemos tener un solo objetivo: acompañarlas y cuidarlas y fundamentalmente, respetarlas en sus deseos y decisiones, siempre que éstos no la dañen.
A animarse, pues, a recobrar este espacio propio, tal vez el más importante y trascendente de la vida, eligiendo con libertad.

BIBLIOGRAFIA.
Nacimiento Renacido – Michel Odent
Por un nacimiento sin violencia – Frederick Leboyer
Brujas, comadronas y enfermeras – B. Ehrenreich – D. English
Embarazo y nacimiento gozosos -Integral – monográfico nro. 4

Raquel Schallman
Obstétrica – Corporalista

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