La magia es el arte de manejar las energías universales, de la naturaleza y particulares. Cuando hablamos de magia sexual, hablamos de un conocimiento acerca del uso conciente de la energía sexual en nosotros, un manejo normalmente desconocido, para el hombre cotidiano.
Hay varias claves en esto, y una es reconocer que somos el sexo, que la sensación sexual somos nosotros, es decir que no es algo separado, el sexo y yo, por ejemplo, pues la dualidad solo existe en la mente del ignorante. Una vez reconocido esto iremos más allá, tratando de descubrir la íntima relación existente entre sexualidad y éxtasis místico. El goce sexual es espiritual y sagrado, aunque nuestra cultura lo ha degradado a un simple acto reproductivo, mecánico, a veces con cierto placer genital y en muy pocos casos, con un goce que va más allá de lo orgánico, llegando a lo emocional, etc. Para el mago el sexo es arte, es poesía, es música, éxtasis, arrobamiento, devoción, adoración, entrega.
El Dr. Arnold Kegel (quei-guel) desarrolló estos ejercicios originalmente para ayudar a las mujeres con problemas para controlar la orina. Están diseñados para fortalecer y permitirle un control voluntario de un músculo llamado pubococcígeo, o PC, para abreviarlo. El músculo PC es parte del cabestrillo de músculo que va desde el hueso púbico, adelante, hasta el hueso caudal, en la parte de atrás. Puesto que el músculo envuelve no sólo la abertura urinaria, sino también la parte exterior de la vagina, algunas de las pacientes del Dr. Kegel descubrieron que los ejercicios tenían un efecto secundario placentero: una mayor conciencia sexual.
A lo largo de unos años nos hemos ido encontrando con una serie de datos que, en principio, casi no llaman atención ni sugieren nada; son datos sueltos que en su desconexión no resultan significativos; son como las piezas de un puzzle que, de algún modo, han quedado almacenadas en algún lugar de nuestra conciencia a la espera de ocupar su puesto en la resolución del puzzle.
a) Para Masters & Johnsons (1), las contracciones uterinas son una componente esencial en todo orgasmo femenino. Maryse de Choisy (2) va más lejos al afirmar que éste… tiene su origen en el cuello del útero. Y que si los psicoanalistas, desde hace tiempo, vienen confundiendo el orgasmo cervico-uterino con el orgasmo vaginal, no es sólo debido al narcisismo masculino, ni tampoco sólo a la ignorancia femenina, sino también porque las cervico-uterinas no frecuentan nuestras consultas.
b) Bartolomé de las Casas (3) y otros viajeros del siglo XVI han escrito que las mujeres de las poblaciones que habían encontrado en zonas del planeta desconectadas de nuestra civilización, parían sin dolor.
Casilda Rodrigañez
(...) Además de tejido muscular hace falta el deseo sexual y un determinado desarrollo de la sexualidad de la mujer; por eso no podemos conformarnos con el útero de los ginecólogos ni con la tecnología médica que consagra la maldición divina de parir con dolor. Porque ahí está la gran diferencia. El útero de una mujer que no ha sido sexualmente reprimida desde la infancia, funciona perfectamente, produciendo placer y no dolor; pero el útero de una mujer cuya sexualidad se ha paralizado desde niña, funciona de una manera patológica y con dolor.
(...) Desde niñas nos dicen que la regla duele y los partos mucho más. La información que se da es que para dilatar el cuello del útero para que nazca un bebé, hacen falta unas contracciones muy fuertes, y que eso es inevitable que duela. Sin embargo, para Frederik Leboyer las llamadas contracciones de dilatación "inevitables" del parto son algo altamente patológico y no normal:
El orgasmo es la respuesta sexual del hombre y la mujer al proceso de excitación y placer que se manifiesta con una serie de cambios físicos. Según Masters y Johnson es la tercera fase del ciclo de respuesta sexual humana. Comienza tras la fase de meseta. Tras la fase de orgasmo se produce la fase de resolución.
Fases de la respuesta sexual
1ª Excitación - 2ª Meseta - 3ª Orgasmo - 4ª Resolución-Cambios físcos
Durante la fase de orgasmo se producen una serie de fenómenos biológicos y cambios físicos. Durante el orgasmo se libera de forma placentera toda la tensión acumulada durante la fase de meseta. También se conoce esta etapa como "clímax" o fase culminante. Algunas personas describen el orgasmo como "una sensación de calor o ardor en los genitales", otros como "leves estímulos eléctricos o de cosquilleo que se van difundiendo por todo el cuerpo".