Somos lo que comemos

¿Quién no recuerda en su primera infancia el sabor de los alimentos, el sabor del fruto de la tierra?. En aquellos tiempos no entendíamos de dietas, de productos biológicos. Lo que comíamos era sencillamente natural directamente de la tierra a la boca.

Hoy la cuestión alimenticia ha cambiado mucho, hemos pasado del huerto, al mercado, del mercado al supermercado- hipermercado, hasta llegar a los centros comerciales……   ¿Cómo afecta esto a nuestra forma de vida? ¿Y a nuestra salud?.

La sociedad moderna se mueve de casa al trabajo y del trabajo al Centro Comercial una y otra vez, de esta forma cargamos nuestros carros de la compra con comida que no solo no nos solventa nuestras carencias sino que además nuestra salud se ve deteriorada notablemente.

Comer sano está de moda, pero ¿qué es en verdad comer sano? ¿Acaso comer frutas y verduras, beber 2 litros de agua es sano?, ¿Cómo puedo determinar que lo que consumo es saludable para mi, si la gran mayoría de los alimentos que consumo están manipulados genéticamente, o adulterados con productos químicos, como colorantes, endulzantes, aromatizantes, E-s….?  El panorama es bastante desolador en este sentido.

Una alimentación basada en alimentos de mala calidad, (harinas blancas, azucares, lácteos, patatas, carne…..,  (que son la gran mayoría) nos lleva inexorablemente a un desequilibrio importante en nuestra salud a corto y largo plazo. Nuestro organismo no puede depurar la infinidad de toxinas que ingerimos  y esto nos lleva a debilitar nuestra sangre, nuestras defensas. Así estamos creando un cuerpo débil,  creando desequilibrio que nos lleva a la enfermedad.

La falta de consciencia nos lleva a no plantearnos  algo tan importante como es nuestra alimentación. Si  cambiamos nuestros hábitos alimenticios abrimos una puerta a la salud integral tomando la responsabilidad de la misma. Nos decimos que SI a nosotros mismos recuperando las cualidades de auto sanación que hay dentro de nosotros.

La alimentación macrobiótica ofrece la posibilidad de recuperar tu bienestar, tomando consciencia de lo que comes, cuando lo comes, cómo comes, dónde lo comes y porqué lo comes.

Para la macrobiótica, el complejo proceso de asimilación de los alimentos por el organismo humano es el punto esencial de la cuestión salud y enfermedad. Según esa visión, nuestro organismo bien alimentado puede cambiar totalmente su calidad sanguínea y de esa forma recuperar toda su memoria genética armonizándose con su propia naturaleza.  Una mala alimentación nos lleva a irregularidades orgánicas y síquicas. La enfermedad seria entonces la forma que el cuerpo encuentra para compensar esos trastornos y recobrar el equilibrio. Para retornar al perfecto funcionamiento del cuerpo y de la mente, la macrobiótica recomienda básicamente medidas indirectas, preventivas y educativas que se anticiparían a la aparición de los síntomas, a través de alimentos físicos y mentales adecuados para ser asimilados por cada individuo.

La macrobiótica es la comprensión de la Orden de la Existencia en la Naturaleza que permite a cada uno retomar la responsabilidad y el autocontrol sobre la propia salud/enfermedad de forma independiente.

El principal factor para la transformación de cualquier enfermedad es la alimentación física y mental. Es inútil tomar cualquier antídoto, sea alopático, homeopático o una hierba medicinal, si no se cesa de ingerir venenos.

Se practica la macrobiótica a partir de una determinada disciplina inicial, con el objeto de proporcionar a cada uno, a través de esta reeducación del organismo, los medios para liberarse de los malos hábitos, vicios y condicionamientos alimentarios impuestos por una sociedad preocupada exclusivamente por el consumo.

Los alimentos más adecuados son los cereales integrales, las legumbres y las verduras, prefiriéndose los menos contaminados por pesticidas, colorantes y conservantes químicos y teniendo en cuenta factores estacionales y del entorno.

Para nuestra curación  partimos  de unas premisas básicas: ¿Cuál es mi meta en la vida? ¿Qué es una vida feliz? Porque para nosotros “sin saber cómo permanecer sano, la felicidad es ilusión.” La salud debe ser alcanzada por el propio individuo, pues aquel que está sano conoce la ley de los cambios, puede superar las dificultades y transformar la enfermedad en salud, volviéndose libre. Para aquel que no sabe qué hacer con su salud, curarse es una pura pérdida de tiempo.

Son siete las condiciones que indican una buena salud:

-Tener buen apetito y satisfacerse con los alimentos más simples;

– Estar siempre listo para realizar algo con  buena predisposición.

– Tener un sueño profundo;

-Tener buena memoria;

– Estar alegre;

– Poner esmero en todo, en cualquier lugar, en cualquier ambiente;

– Ser íntegro.

Esta última condición es la más importante, pues quien la posee ha alcanzado la serenidad, la capacidad de discernir.

Es nuestra responsabilidad cuidar de nosotros mismos, hacernos más conscientes de cúal es nuestro papel dentro de este macro universo que nos ha tocado experimentar.

Deja un comentario