Me he percatado que durante el tránsito de la Luna Llena y la Nueva, la actividad onírica se incrementa en mi persona, suelo recordar con mucha frecuencia los sueños que tengo, más particularmente los que se suceden en el ciclo mencionado.
Ya antes me había visto en el sitio en el que se desarrolla el tema, el cual está compuesto de muchos otros, es Guanajuato, es Puerto Rico, es Querétaro, más finalmente es totalmente diferente.
El ambiente es festivo, cientos de grupos de tradición se encuentran reunidos, con gran disfrute los observo y circulo por entre ellos. Al llegar a uno de las culturas de nuestros hermanos del norte de América, me llaman, se dirigen a mi persona diciendo que me ofrecen compartirme, mostrarme su cultura, su tradición, su rito, a lo que yo respondo que me honra esa oferta.
Hay una tradición antigua y universal acerca de la naturaleza de los sueños que ha perdido credibilidad en los tiempos modernos. Esta visión sostiene que algunos sueños tienen un origen divino, que son un portal a los mundos espirituales, y que pueden transmitir mensajes y visiones internas, incluso de carácter profético.
En el Antiguo Testamento hay un versículo que pone en boca de Dios estas recomendaciones: “Escuchad mis palabras: Si hay un profeta entre vosotros, Yo el Señor, me daré a conocer a él en una visión. Le hablaré en un sueño.”
Ya que un sueño es como un reflejo de la vida real, los hechos que parecen ocurrir en él siguen generalmente, incluso en su incoherencia, ciertas leyes cronológicas coherentes con la secuencia normal de todo hecho verdadero. Quiero decir que si, por ejemplo, sueño que me he roto el brazo, me parecerá que lo llevo en cabestrillo o haré uso de él con precaución, o si sueño que se cierran los postigos de una habitación, me parecerá que se ha interceptado la luz y que alrededor de mí se hace la oscuridad.
¿Alguna vez te has preguntado por qué las cosas no han salido como las planeabas? ¿Te has preguntado a qué se deben los accidentes, los obstáculos, las pérdidas inesperadas, las desilusiones y todo aquello que te aparta de conseguir tus objetivos?
Antiguamente todas estas cosas se atribuían al destino, a la mala suerte o a la voluntad de alguna divinidad y ante todo ello se aconsejaba resignación y sometimiento. Hoy en día, estas percepciones están cambiando radicalmente. Los humanos nos sentimos cada vez más dueños de nuestro destino. Dentro de lo que podríamos llamar el "mercado de la autoayuda" nos repiten constantemente que no somos víctimas de ningún poder externo y que lo único que nos separa de nuestros anhelos son nuestras propias creencias.