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EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CORONAVIRUS. Sura Lillo

Publicado el Mar 27, 2020 por en Página de Inicio, Coaching | 0 comentarios

En estos días de obligado confinamiento mucho se habla de los “coronadivorcios”, la fractura insalvable de esta difícil convivencia ,va a crear un antes y un después, en el seno de muchas parejas.

Hablar de Divorcio en España por desgracia no es un tema tabú, no en vano somos el país de Europa con la tasa más elevada de divorcios. De cada 100 ceremonias nupciales 57 de ellas, terminan como el “rosario de la aurora”, en divorcio.

Estos datos reflejan una salud afectiva un tanto deficiente en el seno de la pareja, la tolerancia al conflicto marital esta en horas bajas, muchas parejas resuelven sus problemas maritales poniendo tierra de por medio, separándose, divorciándose….soluciones salomónicas que tienen como consecuencia escenas traumáticas, odio, rencor y resentimiento que se arrojan el los pasillos de muchos juzgados de España. Litigios que hacen “el agosto” de muchos bufetes de abogados.

Amén de nuestra baja tolerancia a los conflictos o de que en nuestro idilio conyugal cometamos errores imperdonables, como la traición o la infidelidad, ay! de esas parejas que el los tiempos que corren, están sumidas en una crisis  y tengan que vivir bajo el mismo techo en este confinamiento impuesto.

Un panorama desolador y angustiante que sucede de puertas para adentro, mientras en las calles reina una extraña paz, aderezada con el canto de los mirlos. En esas calles vacías dónde aún resuenan los ecos de tiempos de alboroto y algarabía, en sus bloques, casas y edificios vecinales puede sentirse los gritos callados de parejas que condenan su relación a la mas heladora de las guerras emocionales.

Este encierro para muchos supondrá el punto y final de años de convivencia y “compartires”, el fin del hastío y el abatimiento maritales. Se nos gastó el amor de tanto usarlo.

Tiempos pasados, en donde ,quizás, todo permanecía en silencio por la lejanía que proporcionaban las rutinas y quehaceres de los cónyuges, diferencias que ahora ya no podrán ser silenciadas ni eludidas. Esta tapadera, vestida con el disfráz de la cotidianidad ya no podrán servir de tapadera, para dar paso al resquebrajamiento inevitable de muchas relaciones.

Muchos silencios se “romperán” en gritos en articulados reproches y desavenencias. Este confinamiento será finalmente “la gota que colma el vaso”.

Como si ya no tuviéramos bastante con soportarnos a nosotros mismos, en estas semanas o incluso, meses de encierro colectivo, para muchos, este tiempo será algo más que una “crisis sanitaria”. Muchas parejas sentirán como de pronto son desprovistas de los velos que tapaban sus ojos y como un jarro de agua fría, afrontarán una realidad, que, aunque dolorosa, marque el punto de partida para un nuevo comienzo.

Escuchar un “ya no te quiero” puede ser doloroso, pero más doloroso será, no poder aceptar que la que ha sido la madre o padre de tus hijos (si los hubiere) te pide recuperar sus alas para volar.

La aceptación de este nuevo estado de emergencia emocional en la pareja, es quizás la prueba más difícil que un matrimonio, en plena crisis de separación, tenga que afrontar.

Y no es el “ya no te quiero” lo que más duele, es aceptar el cambio, el miedo a lo desconocido o el simple hecho de tener que aprender a estar solo/a de nuevo.

Los medios de comunicación no han tardado en bautizar el fenómeno: los “coronadivorcios”  y parece que éstos han venido para quedarse. Y es verdad que esta reclusión impuesta puede llevar a muchos al borde del colapso.

Si, la convivencia en condiciones normales genera roces, de todos es sabido, pero la convivencia 24/7 prolongada puede generar algo más que roces, puede producir muchos un  “ya no te aguanto más”.

Si nos ponemos en el seno de una pareja “civilizada”, el trance será duro, pero nunca llegará la sangre al río. Sin embargo, aquellas parejas en donde el nivel de conciencia sea más “primitivo”, las desavenencias podrán cruzar fácilmente la delgada línea de la violencia.

No en vano las autoridades advierten, a las mujeres víctimas de violencia de género, del peligro que corren conviviendo permanentemente con su maltratador, alentándolas a pedir ayuda en aquellos momentos que mejor puedan, como por ejemplo bajando la basura o saliendo a la compra,  a pedir ayuda al 016 como alternativa para poder escapar de sus infiernos caseros.

No obstante, las crisis matrimoniales no deberían siempre desembocar en los temidos divorcios, la pareja es un órgano vivo que se transforma, muta conforme va pasando el tiempo. Estar en pareja conlleva un trabajo sustentado en el compromiso mutuo, un ejercicio de “tiras y aflojas” , de permanentes negociaciones que velan por el bienestar de los cónyuges, una sucesión de principios y finales que solo se sustenta con una buena dosis de comunicación entre sus miembros.

La pareja como entidad genera una danza entre sus partes, ver al “otro”, comprender al “otro”, es un ejercicio necesario si queremos que nuestro “jardín del Eden” no se quede yermo por el descuido y el desuso.

Es verdad, que este “retiro espiritual casero” que se nos ha impuesto, es un reto social colectivo, pero si lo vemos desde la oportunidad que nos brinda, podemos verlo como un espacio-tiempo donde trabajar y cultivar un ambiente íntimo único para conectar con nuestra pareja.

Muchos matrimonios ven como se desvanece, como arena entre los dedos, la chispa después del manido “si quiero”, la vida en pareja no debe darse  nunca“por sentada”, a veces solo el amor no basta. La relación se constituye desde la base del respeto y la confianza y es, sólo desde ahí, que podemos  conectar y comunicar desde la “verdad” para conmigo y con el “otro”.

A veces, con la aparición de los hijos, la dimensión romántica de los cónyuges salta por la ventana en donde la pareja se diluye en obligaciones y tareas extenuantes, jornadas maratonianas que dinamizan y minan el amor marital hasta su extinción inevitable. ¿Quién nos dijo que el amor es para siempre? , Hollywood y la iglesia tienen gran parte de la culpa de imprimir en el inconsciente colectivo creencias falsas que nada se parecen a la realidad, que desafortunadamente, muchas parejas viven. Esa creencia “naïf” sobre el amor y la pareja quedan como una mera ilusión en el imaginario colectivo.

La vida cotidiana aprieta, ahoga, convirtiéndose en aburrimiento y rutina, y ésta, como una soga que estrangula el amor de pareja, así, las proyecciones infantiles que aderezan el amor romántico saltan por los aires como resultado del peso de una realidad aplastante, asfixiante.

Si estás inmerso en una crisis de pareja durante este confinamiento, respira, mantén la calma, quizás el amor de tu pareja no era lo que esperabas y éste, se aleje de manera inexorable, pero más allá de esta fractura insalvable, estás TÚ MISMO, y seguro que cuando superes el dolor de la pérdida ganes en salud, en paz interior y seguro estés encantado/a de haberte conocido un poquito más a ti mismo.

Práctica el amor más genuino y auténtico, ese que nunca te fallará, Love yourself!!!

Es tiempo de practicar EL AMOR A TI MISMO.

Sura Lillo

Life Coach

Coach Directivo & Liderazgo

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