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EL COVID-19 & LA REVOLUCIÓN DE LOS AFECTOS. Sura Lillo

Publicado el Abr 19, 2020 por en Página de Inicio | 0 comentarios

“Mi amor se enardecía con el aislamiento y se volvía cada vez más doloroso” Aleksandr Pushkin

Más allá del origen, las causas y propagación de esta pandemia, su gran consecuencia es que nos ha separado del resto, nos han confinado en nuestros hogares, en soledad o con nuestras familias nucleares. 

Una situación desconcertante que puede sacar lo mejor y lo peor que llevamos dentro.

Toda una prueba de vida que no nos va a dejar indiferentes. Convivencias impuestas, soledades dulces o amargas. Separación y anhelos, son los escenarios que recubren este aislamiento, un amalgama de circunstancias que nos lleva a vivir nuestra particular “Revolución de los afectos”.

Este distanciamiento social provoca una necesidad de acercamiento, un acercamiento virtual en su forma pero lleno de contenido emocional, tiempo de malestar pero también de afecto.

Si con suerte nuestras relaciones familiares son buenas, podemos y debemos sentirnos satisfechos y agradecidos por ello, puesto que este confinamiento nos regala tiempo de calidad con los nuestros, una tiempo que quedará grabado de por vida en la memoria colectiva familiar.

Niños que dejan de ver a su padre como un “ausente”, para poder compartir más dosis de tiempo sagrado con sus progenitores, padres que tienen el reto de la conciliación filial, laboral y domestica en un mismo espacio tiempo. Momentos cargados de verdad, una realidad intensa, cruda muchas veces, pero también dulce si se quiere. 

Si no tenemos esa suerte, este tiempo también se recordará, pero no precisamente con imágenes o experiencias positivas, lo recordaremos como una cárcel domiciliaria de donde no podemos escapar, donde el verbo “aguantar” se conjugue por desgracia demasiadas veces.

Nuestro mundo conocido se paró, nuestras rutinas quedaron en el imaginario de un tiempo pasado y como una respuesta a esta parálisis, nuestros afectos, nuestros anhelos se disparan buscando el contacto con aquellos que tenemos lejos. Una conexión virtual que hace las veces de “a falta de pan, buenas son tortas”. 

Dentro de esta carencia y distancia, las palabras suplen la pesada carga de la falta de contacto y éstas, van a ser las únicas realidades que vamos a compartir con los que están lejos, palabras. Palabras cargadas de sentimientos, de verdades que ya no pueden, ni deben ser calladas

En este tiempo entre paréntesis, la tecnología se torna una aliada para mantenernos conectados, un espacio descafeinado que convierte a las herramientas tecnológicas en  “el tuerto en el país de los ciegos”, así la expresión afectiva se realiza en un contexto de carencia, de incertidumbre, de necesidad de lo humano. Así entramos en la revolución humanista forzada por esta situación desafortunada. 

Nuestros afectos necesitan ser derramados, el tacto y la caricia  son verbos que no pueden ser conjugados, nuestras emociones y sentimientos se transmiten a través de un teclado, una llamada telefónica, una video llamada.

Desde la irrupción de las plataformas digitales, los afectos se tornan mas valientes detrás de una pantalla o un teclado, los “te quiero” y los “te odio. Los mensajes escritos cobran la fuerza de bombas nucleares afectivas.”

Los sentimientos son como el agua del cauce de un río, necesitamos compartirlos, expresarlos. En tiempos de confinamiento, donde todo nuestro mundo afectivo se construye en la proyección que surge de la distancia, en los sueños rotos por la lejanía, que con ansiedad, buscan ser de nuevo construidos.

En condiciones normales el ser humano necesita el contacto físico, el abrazo, la caricia, el beso, el apretón de manos. En situación de aislamiento, la necesidad de contacto se vuelve mucho más voraz. 

Esta necesidad básica de afecto ha sido denominada por los Psicólogos como “Sed de piel” o “sed de contacto”. Para que esta necesidad pueda ser cubierta se necesita tener contacto físico significativo con otra persona.

Las personas necesitamos el contacto físico con tanta fuerza como necesitamos cubrir necesidades básicas como comer o beber agua. 

Los psicólogos Harry Harlow con sus estudios realizados en la segunda guerra mundial y Terry Kupper  que investigó el efecto de la falta de contacto físico a individuos confinados en la cárcel en aislamiento, llegan a la misma conclusión: la falta de contacto físico puede afectar nuestra salud mental y física. “El contacto físico es un requisito básico que nos define como humanos” Kupper.

En esta situación excepcional en la que nos encontramos, el aislamiento, la separación física puede ser devastadora sobre todo para las personas que viven en soledad, siendo los ancianos los más vulnerables en estas circunstancias que nos han tocado vivir.

Solo siendo solidarios, conscientes de esta necesidad de afecto, es que podemos ayudar a mitigar los efectos negativos de este aislamiento, hoy mas que nunca, la palabra toma el protagonismo, hablar, conversar, aconsejar, escuchar al otro se vuelven más necesarias que nunca. Comuniquémonos, conéctemonos.

Que la voz se convierta en caricia, la sonrisa en un te quiero y la palabra en medicina.

Abracemos el momento.

Sura Lillo

Life & Emocional Coach

Coach Directivo & Liderazgo

info@mujerdespierta.com

www.mujerdespierta.es

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