En nuestro primer encuentro en Madrid de Mujer Florece he visto mujeres que se buscan a sí mismas, mujeres que han desistido de la posibilidad de ver al hombre como motivo único de sus penas y alegrías. Mujeres que han decidido mirar dentro de ellas mismas para descubrir a la Mujer Salvaje que habita dentro de ellas.
Esta Mujer Salvaje nos muestra nuestra esencia más verdadera, la mujer Salvaje tiene mucho de niña, es una mujer curiosa, conectada a sus instintos, a su intuición, es creativa, libre, dueña de sí misma. El arquetipo de Litith encarna esta energía de la mujer en libertad.
El espíritu de la Mujer salvaje debe ser implorado dentro de nosotras, pues es manifestándola donde podemos encontrar un sentido más profundo y verdadero de nuestra esencia femenina.
Es a través de La Mujer Salvaje donde se manifiesta el amor por nosotras mismas, pues ella es la única que puede colmar nuestra existencia de sentido.
Mircea Eliade, en su libro Mito y Realidad, comenta que “Rememorar, es sanar”.
Y por mucho que uno lea esta frase, no se acaba de comprender hasta que no se vive.
Desde mi óptica, este precepto se puede entender cuando el individuo se ha metido a recordar cosas de su pasado, que la generalidad de las veces, resulta dolorosa. Este fenómeno resulta conocido, ya que si vamos a los orígenes del patriarcado (que surge alrededor del 3,200 a.c.) vemos que desde el inicio, las características de su presencia son definidas por el dolor, el castigo, sometimiento, el poder, la distorsión del sexo, cuando antes de ello, en la sociedad “matrilineal” (donde gobernaba la madre, o la diosa y sacerdotisa) no se sustentaba el poder desde ese lugar, sino desde los acuerdos y donde todos eran incluidos para la conformación y funcionamiento de ésta.
Nuestro rol como mujeres dentro de la comunidad ha sido manipulado a lo largo de la historia. Con la llegada de la inquisición a la mujer le fue arrebatada su conexión con la madre tierra simplemente por que tenia el control de la salud, la educación y la economía dentro de su comunidad.
Hoy en día en pleno siglo XXI muchas mujeres han olvidado quienes son, desempeñando roles puramente masculinos, compitiendo con el hombre por ocupar un lugar en la sociedad que la desconecta de su naturaleza femenina. Esto ha llevado a un desequilibrio tal que las unidades familiares están en vías de extinción. ¿Qué podemos hacer nosotras para cambiar todo esto?.Recordar quienes somos y porque estamos aquí es esencial .
Artículo publicado en la revista Universo Holístico nº 24 del mes de Febrero 2010.
Los seres humanos encarnados en la tierra con el fin de descubrir quienes somos. Nuestra esencia o espíritu está anclada dentro de un cuerpo biológico para que podamos sentir y tener experiencias. Nuestro cuerpo es una máquina perfecta que funciona gracias a la energía que recibe del exterior, de la fuente o del creador. Estamos conectados a esa fuente lo creamos o no, si no fuera así no tendríamos la consciencia suficiente para mantenernos con vida. Esa fuerza de vida está dentro de toda la creación, en la naturaleza, es la esencia de la madre tierra, podemos verla reflejada en sus ritmos, sus ciclos, su latido.
Nuestro cuerpo es entonces un receptor y manifestador de nuestro espíritu o esencia, y nuestra realidad sería nuestro útero individual donde se manifiesta la creación. Nuestro útero es tan generoso que alberga en su seno muchos inquilinos, que son los encargados de mantener vivas las memorias que nos conforman. Esos inquilinos son nuestras memorias que cobran vida en determinados momentos. El origen de estas memorias permanece en la sombra de nuestra consciencia, es decir, en nuestro inconsciente.
EXTRACTO DEL LIBRO "LA MASCULINIDAD TOXICA" DE SERGIO SINAY. EDICIONES B, ARGENTINA, 2006
Querido congénere:
Esta carta no podía tener otro destinatario que no fueras vos. Nadie podría entender mejor de qué hablo, qué quiero decir. Querido congénere, vos y yo, varones ambos, estamos en peligro de extinción.
Así como nos mandaron a vivir nuestras vidas de hombres, así como nos mandaron a relacionarnos con las mujeres, con nuestros hijos, con las cosas, con los seres, con el mundo, así no va más. Te quiero contar cosas que escucho, que siento, que pienso, que vivo y que veo, cosas que nos involucran y que, quizás, no ignoras y te preocupan tanto como a mi. Veo mujeres tristes, desalentadas, resignadas a no encontrarse emocionalmente con nosotros, a no contarnos como compañeros de vida, digo como verdaderos compañeros de vida, como hombres dispuestos a explorar con ellas los espacios desconocidos del afecto, a confiar en que nuestras diferencias nos enriquecerán, dispuestos a mirarlas con cariño, con ternura, con humor, además de con deseo.